Utopías electorales, por Francisco Javier Posadas

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puntos de vista

 

No estamos en contra de los partidos políticos, estamos en contra de sus abusos”

Francisco Posadas.

La elección del año 2021 será un proceso enorme en el país, se han alineado 15 estados que elegirán casi todos los cargos públicos de elección existentes, a excepción de presidente de la República y senadores.

El gobierno federal cumple puntualmente dos años en el poder, llevado a esa instancia con la enorme responsabilidad y privilegio de tener mayoría en ambas cámaras y el ejecutivo del mismo partido, con la esperanza de cambios definitivos en la historia moderna de México.

La ciudadanía, con más de 30 millones de electores, propició un cambio electoral del grupo político en el poder. La apuesta fue impulsar grandes cambios estructurales que el país esperaba desde hace décadas, si no es que siglos.

La apuesta era peligrosa, por antecedentes de pugnas entre grupos políticos, además de naturales rencores y venganzas que surgen cuando hay cambio de régimen y la incertidumbre de la capacidad del nuevo régimen en tareas de gobierno. Se apostó a las urnas y se logró un cambio político y democrático sólido.

Con ese escenario creado por la ciudadanía, y una legitimidad democrática muy sólida, los cambios estructurales en realidad no parecían complicados, y solo se antojaban postergados, por el enorme rezago que tenía el país. Derivados de un sistema monolítico e infranqueable, creado por intereses políticos y económicos que despreció sistemáticamente el cambio democrático incluyente y de derechos, demanda de un país como México, que no es poca cosa, representa unas de las 20 economías más poderosas del mundo. Sin embargo, a pesar de su magnitud como nación, esta matizado por la migración de población a Estados Unidos por falta de oportunidades, mantiene un rezago educativo rampante e histórico, la corrupción fue institucionalizada, y se manifiesta con un saqueo sistemático y cíclico, perpetrado por la clase política y élites económicas, lo que genera y profundiza la desigualdad y la pobreza. Sin dejar de mencionar que es un país secuestrado por el narcotráfico y con sistemas de seguridad inoperantes.

Los cambios estructurales esperados y necesarios para lograr un sistema democrático e incluyente, pasaban necesariamente por una real separación de poderes y contrapesos institucionales que fomentarán la transparencia y rendición de cuentas. Acotar las facultades “meta constitucionales” del ejecutivo, incluyendo el “dedazo”, traer a cuentas a quienes saquearon el país, fortalecer los organismos independientes y procuradores de justicia, unificar el sistema de salud, impulsar una reforma educativa enfocada a mejorar la educación y sus docentes. Además de la necesaria relación con una prensa independiente, profesionalizar las tareas de gobierno para lograr una redistribución de la riqueza nacional y por supuesto, realizar la reforma democrática que impida que el poder se delegue en ineptos y se reparta entre mafias y camarillas que desprecian a la ciudadanía y elaboran leyes a modo para continuar el saqueo nacional.

Un cambio tan simple como reducir el número de legisladores,  por salud política del país, se ha evitado por todos los medios. Los legisladores que deberían ser garantes del manejo adecuado del erario público, se dedican a realizar reformas sin un análisis profesional. Adjudican presupuestos a proyectos que han sido cuestionados por expertos y por supuesto, a cantarle “las mañanitas” al ejecutivo.

A todo esto se agrega, el pésimo manejo de una pandemia global que ha costado la vida de más de 100 mil personas y más de un millón de contagios, por un simple hecho; la pandemia se ha manejado con un tinte estrictamente político y no sanitario. Los hechos y la evidencia científica asi lo demuestran. Cuando un gobierno federal no es capaz de aglutinar los intereses nacionales en un solo objetivo y se dedica a polarizar y crear pugnas entre estados y federación, los resultados están a la vista, más de 100 mil defunciones en 8 meses. La historia hará su juicio implacable de esa actuación.

La falta de un liderazgo transformador y con capacidad para instrumentar y ejecutar políticas públicas de probada eficacia, no augura buenos resultados en el futuro inmediato y el periodo remanente del sexenio.

La decepción ha sido mayúscula para todos los electores con el actual gobierno. Lograr los cambios de fondo que el país necesitaba y necesita todavía, se ha convertido en una utopía electoral. Parece ser que todas las corrientes ideológicas y políticas en México, son ajenas a los cambios globales que han llevado a los países a un nuevo concepto de civilidad, donde los ciudadanos tienen derechos y las oportunidades, servicios y distribución de la riqueza se intenta realizar con justicia y equidad. Se llaman democracias modernas.

Se observa un rezago e ineptitud de la clase política que es alarmante. El actual régimen y sus equipos de trabajo han demostrado además de insensibilidad social, una incapacidad supina para mantener los procesos de administración y gobernabilidad del país. Eso se refleja, cuando se evalúan indicadores duros. Exacerbados por la crisis sanitaria y económica de la pandemia.

Se observa un ejecutivo enfocado en su popularidad y presencia en los medios, sin un objetivo claro en un púlpito político que solo genera rumores y escasa o nula política pública. Se observan instituciones que han sido debilitadas o modificadas de tal manera que son inoperantes. Un Congreso con actitudes, decisiones y comportamientos lamentables. Y lo que nunca falta, partidos políticos haciendo alianzas perversas sin pudor alguno, para nuevamente repartirse el botín. Lo que parece inevitable, por enésima ocasión.

Los cambios estructurales de fondo requeridos por el país, se convierten en una utopía por la vía electoral, con los partidos políticos vigentes en el corto plazo. Las opciones de elección han resultado cada vez peor y es necesario hacer una pausa y tratar de explorar nuevas opciones y alternativas. Son 15 estados, casi la mitad  del país. Es una de las razones por las que participamos por la vía independiente, un camino cuesta arriba, intrincado y acotado por leyes elaboradas por los propios partidos, para su beneficio.

Es momento de tomar grandes decisiones y la ciudadanía debe participar. Impulsar candidaturas independientes y llevar al poder a un mayor número de mujeres. Son alternativas viables y posibles a corto plazo. Mensajes claros, que pueden mermar los abusos y corrupción enquistados en los partidos.

Nadie está en contra de los partidos políticos, estamos en contra de sus abusos y su desprecio hacia la ciudadanía que genera riqueza y prosperidad con su trabajo y que sistemáticamente se le regatean sus derechos legítimos, por una violencia de estado que no parece tener fin.

Una utopía, puede hacerse realidad, cuando ubicamos en su justa dimensión los ideales y convertimos las realidades en oportunidades. En síntesis, tomar un papel activo y realizar acciones concretas en la intemperie del escrutinio social.