Lecciones aprendidas y el siguiente paso. Vacunación contra COVID-19, por Francisco Javier Posadas

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puntos de vista

«Cuando las cosas se ponen bastante mal, entonces sucede algo que corrige el rumbo».

Jonás Salk
(Creador de la vacuna contra la poliomielitis)

El año 2020, pasará a los anales de la historia, como el año de la pandemia de COVID-19 y todas sus trágicas consecuencias, daños, muerte y recomposición social. Un mundo globalizado, comunicado, lleno de tecnología y conocimiento, que no puede desprenderse de la fragilidad humana, que agobia a nuestra especia, vulnerable y a merced de agresiones biológicas microscópicas. Los virus.

La evolución de estos últimos 9 meses del año, ha dejado nuevos conocimientos, lecciones aprendidas, retos y desafíos que han sido afrontados como nunca en la historia humana, con un atisbo de integración y unidad en la nueva aldea global. Aún existen profundos desencuentros, resistencias, atavismos, nacionalismos y personalidades egocéntricas mal entendidas, que poco a poco, la pandemia ha logrado romper y dejar claro, que la cooperación y unificación de criterios y medidas sanitarias, es el único camino para terminar con la infección viral que ataca sin misericordia a todos por igual. Todo a final del día, es parte de la naturaleza humana y esa, persiste como herencia histórica, genética y psicológica de milenios de evolución y no es otra cosa que el instinto de preservación y supervivencia. No se ha superado esa etapa, devorar o ser devorado, persiste la ley de la selva entre humanos y afanes autodestructivos, no sabemos si cada vez menos o cada vez más, pero persisten. En breve tiempo la propia naturaleza nos hará saber que esa conducta colectiva, es un absurdo y deberá ser superada.
Fuente: COVID-19 Dashboard by the Center for Systems Science and Engineering (CSSE) at Johns Hopkins*.
*Hasta el 8 de septiembre de 2020, la infección por COVID-19, ha dejado su huella en la humanidad, un total de 27 millones de infecciones y 882,053 defunciones, integran el panorama de fríos números, que envuelven el mundo.
Los diez países con mayor número de infecciones, con corte al 6 de septiembre son: EEUU con 6.2 millones; Brasil 4.4 millones; La India 4.1 millones; Rusia 1.0 Millones; Perú 683 mil; Colombia 658 mil; South África 638 mil; México 634 mil; España 498 mil; Argentina 478 mil*.

México registra la mayor cantidad a nivel mundial de muertes por coronavirus entre trabajadores de salud, de acuerdo con un informe de Amnistía Internacional publicado, se han reportado, mil 320 decesos confirmados por COVID-19 entre personal de salud, por encima de los mil 77 de Estados Unidos, 649 del Reino Unido y 634 en Brasil.

Steve Cockburn, director de justicia económica y social en Amnistía Internacional, consideró que el hecho de que más de 7 mil trabajadores de salud hayan muerto en el mundo, representa: “una crisis de dimensiones alarmantes”.
“Cada empleado de salud tiene derecho a un trabajo seguro, y es escandaloso que haya tantos que estén pagando el precio más alto”. Un total de 97 mil 632 enfermeros, médicos y personal de salud de hospitales en México han sido diagnosticados con coronavirus desde el inicio de la pandemia, aproximadamente el 17 por ciento de todos los casos en el país hasta este momento.

Además, se tiene un escenario descrito por autoridades sanitarias, como “catastrófico”, en cuanto a defunciones, que ha sido rebasado en todo pronóstico. La catástrofe se definió en 60 mil defunciones, al 8 de septiembre, se registran 67,558 defunciones.

Las causas de esta trágica estadística en México, tiene que ver con la deficiente aplicación de políticas públicas: Falta de equipos de protección personal (EPP), probados, suficientes y con abasto permanente mientras cursa la pandemia. Falta de capacitación del personal en técnicas profesionales, probadas y continúas, reforzadas con asesoría y supervisión de personal especializado y permanente en todos los turnos.

Además se requiere mantener una capacidad instalada que permita, no solo evitar muertes de enfermos, sino también contagios del propio personal de salud, considerar que es la primera línea de ataque de la infección. Instalaciones, equipos, tecnología y fármacos probados que permitan contener y limitar el virus y los daños a la salud. En síntesis, operar un sistema de salud con capacidad administrativa y sanitaria.

Por otra parte, se requiere reforzar las estrategias probadas en el ámbito social. El uso universal de mascarilla, googles e incluso careta facial cuando sea posible, en especial, lugares públicos y personal que atiende a usuarios masivos, como operadores de trasporte, despachadores, mensajeros y lugares concurridos para abasto de alimentos. Se debe complementar con educación acerca del manejo de la mascarilla, evitar tocarla con las manos o hacerlo el menor número de ocasiones posible y cuando lo haga, utilizar gel desinfectante y/o lavado de manos. Intensificar el distanciamiento social, guardar distancia de 2.0 metros. Y masificar la toma de pruebas en personal que tenga contacto masivo, pruebas seriadas para detectar asintomáticos y reducir el riesgo de contagio. Aislar a las personas de la tercera edad y enfermas crónicas y evitar clases presenciales. Recordar que el virus permanece viable muy pocas horas fuera de los seres vivos, esa es una debilidad del virus, poco explotado. Cada persona infectada que se aísla, corta la cadena de contagio. Pero asi mismo, una persona infectada y no detectada, puede contagiar más de mil personas, dependiendo de su contacto individual o masivo, como se demostró en Corea del Sur.

Hasta ahora, los daños son cuantiosos, no solo en términos sanitarios de costo social y defunciones, sino en términos económicos. Todos los países han sido afectados en mayor o menor medida y los especialistas trabajan en la evaluación y seguramente en corto tiempo se tendrá un recuento de daños que permita retomar el camino e iniciar la recuperación económica social y sanitaria. Dependerá de la capacidad, compromiso y talento de cada gobierno y la sociedad en su conjunto.

El siguiente paso, será reforzar las medidas con las evidencias acumuladas, retomar actividades sustantivas con medidas preventivas estrictas y esperar la vacuna, que será el único factor que puede modificar de manera drástica el escenario de la infección por COVID-19. El resto de las medidas, aunque efectivas, son preventivas, paliativas y complementarias, pero no definitivas. El objetivo, es detener el virus por todos los medios disponibles. Por ahora, es lo que se tiene al alcance. No utilizarlas, provoca mayores contagios y defunciones.
La vacuna que se espera sintetizar en breve, debe ser un producto biológico que estimule el sistema inmunológico para inducir defensas específicas para COVID-19. Las vacunas extienden su beneficio a la comunidad, al romper la cadena de contagio y son una de las intervenciones más exitosas dentro de los programas de Salud Pública.

Generalmente se administran a población sana, sobre todo en la infancia. Esto hace que sea imprescindible garantizar al máximo la eficacia y seguridad de esquemas aprobados. Debe enfatizarse, que la inmunidad se genera en un periodo de 45 a 60 días, no es inmediato y este periodo se debe contemplar para hablar de protección inmunológica.

En fecha reciente, se publicó en la revista Lancet. Por los autores; Manju Rahi, Amit Sharma, PhD, el 18 de agosto de 2020DOI: https://doi.org/10.1016/j.eclinm.2020.100501. Un artículo que describe los pasos a seguir para la vacunación masiva, una vez que se tenga disponible y pase todas las pruebas requeridas por la Organización Mundial de la Salud.

La infección masiva de COVID-19, ha impulsado proyectos para desarrollar vacunas. No solo es contar con una vacuna efectiva, se requiere solucionar problemas específicos y enfocar su aplicación en grupos vulnerables con mayor tasa de mortalidad. Ahí son incluidas, las personas adultas mayores, aquellas que cursan comorbilidades como diabetes e hipertensión y los trabajadores de la salud.

Al ampliar los grupos de aplicación, deberá aumentar el número de dosis y la cadena de suministro. Se debe considerar el uso masivo, las dosis (únicas o múltiples) y las vías de administración tendrán consecuencias directas en costos y logística. Vía(s) de administración, incluidos parches inyectables, dosis intranasales o micro agujas, se planea, haya múltiples formas de aplicación para facilitar la ampliación de cobertura.
Se necesitarán estimaciones epidemiológicas sólidas de la inmunidad colectiva, para optimizar la cobertura de población, los países con deficientes redes de atención, equipos y tecnología de monitoreo, tendrán problemas para lograr estos objetivos.

La cobertura masiva de alto porcentaje de la población, facilita la eliminación de reservorios de infección y limitará la presencia de enfermos asintomáticos. Los desafíos adicionales incluirán el mantenimiento de cadenas de frío, almacenamiento, mantener abasto de equipos de protección, fortalecer la logística y optimizar capacidad de transporte.

Priorizar grupos de riesgo, trae costos adicionales de precio por dosis. Requiere dispositivos para vacunar, almacenamiento, transporte y fuerza laboral. Dados los requisitos para una gran cobertura demográfica, cada país puede esperar una carga financiera importante con el potencial de afectar negativamente a las naciones más pobres. Como siempre sucede en escenarios globales de desigualdad. Por lo tanto, cada país debe hacer sus previsiones financieras, antes del lanzamiento de la vacuna.

La planificación, para desplegar un operativo nacional, debe comenzar con anticipación para evitar que se repitan errores de pandemias pasadas, el costo recayó en los sectores económicamente más débiles de las sociedades, incluso en los países desarrollados. La vacuna COVID-19 es necesaria en todo el mundo, pero siempre se corre el riesgo que países de altos ingresos, monopolicen las cadenas de suministro y el mayor número de dosis y los países pobres, sin vacuna, mantengan reservorios residuales de infección y provoquen nuevos brotes y defunciones. Este punto debe considerarse de importancia, por la enorme capacidad de migración, comercio y comunicación entre todos los países del mundo.

Por otra parte, se debe trabajar en un aspecto no menos importante. Armar un buen sistema de comunicación social, que evite movimientos contra la vacunación, teorías de conspiración, falta de comunicación, dogmas religiosos y rumores. Esto puede generar retrasos en el desarrollo de la inmunidad colectiva, persistencia de brotes, muertes en grupos de alto riesgo y migración laboral a países con mejores sistemas de salud.

Las claves del éxito en campañas anteriores de vacunación, ha sido la cooperación a través de una fuerte voluntad política. Financiamiento a través de organizaciones filantrópicas, asignaciones equitativas de vacunas y suministro de vacunas gratuitas, logística sólida, amplia comunicación pública, participación de la comunidad, adherencia sostenida a las estrategias de salud pública, atención a migrantes nacionales y viajeros internacionales y declaración de la vacunación como prioridad nacional y global.

Los éxitos previos en erradicación de enfermedades como la poliomielitis, pueden ser replicadas y acelerar el éxito de un programa global que en poco tiempo, logre limitar la pandemia y eventualmente controlarla. La aplicación de lecciones aprendidas en campañas de vacunación contra la poliomielitis y una repetición de sus medidas más impactantes, pueden permitir la entrega equitativa, rápida y oportuna de la esperada vacuna que prevenga COVID-19.

En México, se tiene amplia experiencia en el contexto de programas de vacunación, el programa ha sido y es, sin duda, de los más exitosos en salud pública, en la historia moderna del país, cuando se ha manejado con enfoque científico, epidemiológico y social. El esquema básico, es gratuito y esta accesible en todo el territorio nacional y es de los más completos del mundo. Ahora, el reto es retomar el camino y darle un giro a las políticas públicas con enfoque sanitario y epidemiológico. Porque debemos admitir que el manejo de la pandemia hasta ahora, tiene mas tintes políticos y de propaganda que de una verdadera cruzada nacional contra el COVID-19. Y la Secretaria de Salud, ha priorizado el tener camas disponibles para atención, como un indicador de éxito.

Esto poco ha evitado mortalidad, y la instancia oficial ha tenido que dedicarse a contar infecciones y defunciones y poco a establecer políticas sólidas, masivas y probadas, que rompan cadenas de transmisión, mortalidad en grupos de riesgos y prevención de brotes en nuevas comunidades. Además, ha emitidos mensajes contradictorios: inhibir el uso de mascarilla, googles y careta, limita el número de pruebas y fomenta los desencuentros con las entidades federativas, por cuestiones políticas e ideológicas, esto limita la aplicación de políticas alineadas y consensuadas en las instituciones de salud y ha generado un número de defunciones, que ha rebasado, por mucho, todos sus pronósticos. Una política equivocada, que deberá evaluarse a la luz de los hechos y la frialdad de los números. El tiempo pondrá las cosas en su lugar.

El proceso para acumular evidencias y conocimiento de la infección por COVID-19, continuará creciendo. Los nuevos hallazgos, están disponibles para la sociedad y la esperada vacuna en poco tiempo estará disponible para modificar radicalmente el panorama de la infección viral que ha puesto de rodillas al mundo, a pesar de todos los avances científicos y tecnológicos. Es deseable que en poco tiempo, la balanza se incline hacia la ciencia y su capacidad de controlar el virus. Cuando las cosas se ponen mal, siempre hay algo que cambia el rumbo. Para eso existe la creatividad humana. Gracias Jonás Salk.