La honrosa medianía en pleno siglo XXI, por Francisco Javier Posadas

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“Quien no conoce (TODA) su historia está condenado a repetirla” PROVERBIO ARABE.

Cuidado, el pueblo es sabio, no ciego…

“Dios no existe, los animales se mueven solos”. EL NIGROMANTE

Fragmento del discurso pronunciado por Benito Juárez, gobernador del estado de Oaxaca, ante la X Legislatura, al abrir el primer periodo de sesiones ordinarias. Oaxaca, julio 2 de 1852.

…Recordad por un momento las épocas de la centralización del poder y la ominosa dictadura; comparadlas con el presente estado de la nación, y por mucho que se exageren sus actuales cuitas, deduciréis todas las desgracias que tendría que sufrir si por una fatalidad sus instituciones fueran suplantadas por el poder central o por la dictadura.

Bajo el sistema federativo los funcionarios públicos no pueden disponer de las rentas sin responsabilidad; no pueden gobernar a impulsos de una voluntad caprichosa, sino con sujeción a las leyes; no pueden improvisar fortunas ni entregarse al ocio y a la disipación, sino consagrarse asiduamente al trabajo, resignándose a vivir en la honrosa medianía que proporciona la retribución que la ley haya señalado

Este discurso que es el emblema de la presente administración, habla efectivamente de la honrosa medianía, que pretende cuestionar el enriquecimiento ilícito en el gobierno. Pero habla también, de la fatalidad que implica suplantar instituciones por una dictadura o poder central. Ambas son latentes, ominosas de acuerdo al discurso de Juárez. Con los hechos del gobierno federal quien conoce la historia podrá hacer sus propios juicios. A la luz de los hechos es evidente que el gobierno federal en manos del ejecutivo, combate con pasión en el discurso, la corrupción, pero en los hechos, está centralizando el poder y en gran medida el manejo de los recursos de la nación.

Ser un luchador social durante tres décadas, hace legítimo el logro del actual presidente, pero no lo exonera de ser cuestionado y él lo tiene muy claro, cuando describe, denosta y descalifica a sus adversarios.

Es importante tener claro que el país va más allá de sus gobernantes, que no olvidemos son efímeros y administradores de recursos que son propiedad del pueblo contribuyente de México. Y bajo esta premisa, es saludable que escuchen más, porque gobiernan para todos, liberales y conservadores, creyentes y ateos, pobres y ricos, aliados y adversarios; y no todos los que cuestionan son corruptos ni opositores. Las personas votaron por un cambio, no porque fuera la mejor propuesta, sino porque se espera un cambio radical en el gobierno. El último gobierno profundizó la corrupción a niveles pocas veces visto. La población que votó por el cambio, hoy más que nunca debe cuestionar todo acto de gobierno, si considera que no está dentro del cauce legal y bien común que se espera. Algo queda claro, no es lo mismo ser aliados, que ser cómplices y  no es lo mismo ser colaborador que ser amigo. Aparece la cacareada frase: “conflicto de intereses”.

Los mejores amigos, son aquellos que te dicen la verdad, por cruda que sea; y conocen tus defectos y debilidades y a pesar de eso, son tolerantes y mantienen contigo lazos afectivos. Algo esencial, son leales pero no cómplices, de lo contrario, eso se convierte en mafia o pandilla. Lo que denunció el ejecutivo en turno, durante tres décadas. Los amigos pueden equivocarse y cometer errores, pero no mentir. La confianza se construye con enorme esfuerzo y tiempo; y se destruye con enorme facilidad y en muy poco tiempo.

El país tiene problemas profundos y complejos, que no es aventurado pensar que surgen las tentaciones históricas nacionales de ejercer un poder autocrático y unipersonal. Tomar decisiones colegiadas, de consenso, con una evidencia sólida y análisis técnicos sustentados, no parece estar en el genoma de nuestra clase política, los impulsos, la pasión y las ansias por lograr un lugar en la historia, propicia tomar decisiones equivocadas, absurdas. El poder da giros inesperados en el comportamiento de quienes llegan al poder. La constitución y el sistema político otorga facultades excesivas al presidente y eso bien utilizado puede ser muy útil, pero los hechos demuestran que eso no es la prioridad. No es casualidad, la tradición nacional de impedir la reelección por casi un siglo. Porque para un buen presidente seis años es muy poco, pero para uno malo, como casi todos los que hemos tenido, es demasiado.

El siglo XIX, el siglo de Juárez, fue excepcional porque México generó un grupo de liberales extraordinario con acceso al poder público. Existía un conglomerado de intereses nacionales que se opusieron al dominio del clero, a la imposición de un imperio y a los riesgos de nuevas invasiones.

Un análisis frio, obliga a reconocer que el nuevo régimen, represente un eslabón de transición para implantar un modelo diferente. Es iluso, quien espere que los cambios profundos se logren en un sexenio. Un buen número de males nacionales costaron décadas consolidarlos. Llevará otras tantas desterrarlos o corregirlos. Se deben sentar bases y construir sobre la estructura de este enorme y extraordinario país.

El actual gobierno, tendrá que soportar el poder de los contrapesos y la oposición. Será depositario de un sacrificio personal y político. Es el costo de cambiar el país y llevarlo a una democracia madura y estado de derecho pleno.

Es evidente que el nuevo régimen, debe preparar una nueva generación de servidores públicos con un perfil que emerja de la democracia moderna para continuar el proceso de transformación y desarrollo; que mantengan el poder y consoliden los cambios a largo plazo. Ese ideario sería un escenario esperado, pero aún hoy, improbable. La democracia puede ser azarosa y es siempre contaminada por ideologías, intereses y mafias. Se matiza por pueblos vulnerables, carentes de una cultura democrática y ciudadanía participativa.

La historia debe reconocer el enorme esfuerzo del presidente en funciones para mantener su postura, su oposición férrea al sistema y su intención sana, legítima, para lograr la 4T. Se puede cuestionar el éxito, pero nunca el esfuerzo, el compromiso personal.

Por desgracia todos esos elementos de poco sirven para enderezar el país que recibe, devorado por la corrupción, anarquía, desorden y ocupado por una ciudadanía polarizada, desigual, clasista y empobrecida en más del 50% de sus habitantes. Integrada por  entidades federativas que son un mosaico de desigualdad y rezago extremos y gobernada por  una clase política que está muy lejos de ser profesional y honesta.

Pero también existe gente noble, honesta, sensible, profesional, con capacidad y talento, que requiere ser reclutada e integrada al proceso de cambio. Nuestro país tiene talento, solo requiere ser canalizado, a través de inversión y oportunidades. Eso revertirá la desigualdad e injusticia social que prevalece.

El discurso continuo, unipersonal, que machaca historia, pasado, pasiones, arrebatos, venganzas veladas, reproches y culpas, son posturas innecesarias para gobernar el país. Provoca crispación, polarización social, desencanto y pérdida de capital político. También es motivo de alegría para la población ávida de justicia y héroes que la defiendan. Sin embargo, es el derecho que asiste a quien obtuvo un triunfo legítimo. ”El estilo personal de gobernar”.

Los contribuyentes inmersos en un país violento, hostil, inseguro,  que lo palpa en toda su crudeza, porque lucha día a día para producir ingresos y lograr subsistir, no observa los signos objetivos del cambio. El cambio está saturado de simbolismos, pero no de hechos objetivos contundentes. Esperemos sea cuestión de tiempo.

Si, se observan simbolismos, muy loables: levantarse temprano, viajar en avión comercial, tener una comportamiento austero. Está muy bien y son mensajes importantes. Y en esos pequeños detalles, se espera puedan construirse grandes cambios, profundos.

Sin dejar de mencionar  que no se observa un congreso a la altura de los problemas del país. Dominan las mismas pugnas intestinas, la misma ignorancia, mafias, odios, rencores e ideologías absurdas que han tomado como rehén al congreso durante el último siglo. Legislan a impulsos, sin apoyo de expertos colegiados y sin tener como prioridad el bien común, la ciudadanía y sus derechos. Del poder judicial hay poco que decir. Los hechos lo califican.

Escuchar diariamente un discurso insistente, pero no un equipo de trabajo profesional, eficiente, preparado, capaz, que soporte las afirmaciones del presidente parece contradicción. Los secretarios en su mayoría se comportan con bajos perfiles en el mejor de los casos y los pocos que han osado contradecir o cuestionar las políticas, o posturas presidenciales, fueron pasados a cuchillo sin contemplaciones.

Puntualizar que las voces críticas al interior de un equipo, no solo son necesarias, sino indispensables, son voces que mantienen alerta a  los integrantes y hay que saber identificarlos y escucharlos. La verdad nunca es absoluta, no depende de la jerarquía, ni del poder, tampoco es democrática, es verdad a secas.

Si las tasas de delitos graves, homicidios, feminicidios, secuestros y enfrentamientos con las bandas criminales no van a la baja, parecería discurso vacío.

Si se reducen los salarios abusivos a los altos funcionarios de la administración pública federal, pero no se mejora el salario de mandos medios y trabajadores de base, de manera justa.  El discurso suena vacío. Parecen venganzas políticas, más que actos de justicia republicana.

La insistencia de combatir a los corruptos del sistema neoliberal es la mayor demanda de la ciudadanía y el principal motivo del hartazgo social, que llevó al poder al actual gobierno.  Observar que se defiende, ensalza y reconoce públicamente a personajes siniestros de la política nacional como Manuel Bartlet, se arropa a personajes como Salinas Pliego dueño de TV azteca,  o se justifica la condonación de impuestos a personajes claves del movimiento, parecería sesgo en la justicia.

Se aplica la máxima: “Al amigo, justicia y gracia y al enemigo, la ley”.

Juárez como ser humano, no fue perfecto, ni democrático y su gobierno se describe dentro del liberalismo autoritario por Lorenzo Meyer. En contraste, su valor, capacidad, entereza, patriotismo y heroísmo son innegables. Defensor inflexible de la soberanía nacional, su tiempo pasó y ha sido juzgado. Y su lugar en la historia es enorme, pero se requiere escribir una historia nueva, diferente. El país es otro.