Formar ciudadanos, por Francisco Javier Posadas

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Sin libertad, la democracia es despotismo, sin democracia la libertad es una quimera.

Octavio Paz.

La persona promedio que nace en nuestro país, y se forma en el sistema de educación pública, refleja la política pública del país, en materia de formación humana. Esta persona, carece de una formación integral, que incluya la parte humana y de valores; y en otra esfera, la formación académica, cultural, social, tecnológica, lingüística y artística que otorgue una visión del mundo moderno. Una gran ironía, es que nuestro socio comercial más importante es USA y de la población en México, solo el 5% habla inglés, de acuerdo con datos del director general del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), febrero de 2019.

 

En México, el sistema social, impide intencionalmente la formación integral de las personas y ciudadanía. Esto se debe en gran medida a la falta de consolidación de instituciones democráticas y estado de derecho. La formación de capital humano, es un proceso personal y colectivo complejo, donde hay que sortear múltiples trabas y el objetivo del sistema, es la formación de seres humanos obedientes y sumisos para explotarlos. El desarrollo humano es peligroso para las élites. Los dueños de los grandes capitales, aliados con el poder, propician un entorno carente de una real competencia ordenada y basada en el mérito, esto provoca como resultado, una incompetencia sistémica. Existen talentos y personas muy capaces, pero se diluyen en la corrupción que predomina en casi todos los ámbitos. Y es comprensible y legítimo que se cuiden intereses, pero el estado tiene la obligación de garantizar estado de derecho y propiedad privada, en el marco de la ley y no a expensa de la explotación de las mayorías. Se denomina justicia. Nadie sensato está en contra de la riqueza, se está en contra de los abusos para obtenerla.

 

Quienes se forman integralmente, son excepciones, por esfuerzo personal y talento,  que se suma casi siempre, a la capacidad económica, para acceder a las escuelas y facultades de clase mundial, locales o en otros países. Es importante señalar, que tener una educación de calidad en las mejores escuelas del mundo, tampoco es garantía de formación sólida, en término de valores y compromiso social. Hemos tenido en el gobierno, graduados de Harvard, que saquearon el país, sin pudor alguno.

 

Transformar el país, pasa necesariamente por educar a un pueblo y eso lleva varias generaciones, evidencias que no pueden pasarse por alto. La educación estática (historia) que nos precede, debe servir para plantear una historia dinámica que nos impulse (educación).  Debemos tener claridad en el pasado reciente para romper atavismos y rezagos ancestrales y formar una nueva generación de ciudadanos con visión de país moderno y próspero. Y para ello, debe haber una reflexión profunda, análisis de los escenarios y aceptación de los errores mayúsculos cometidos en el pasado, para corregirlos.

 

El país ha sido gobernado durante más de un siglo por varios bloques. Una dictadura  de 1876 a 1911, que originó el movimiento revolucionario iniciado en 1910. Conflicto social que culminó con nueva constitución, tres presidentes asesinados, (Madero, Carranza y Obregón) y la creación de un partido de estado. Durante 54 años, de 1934 a 1988, gobernado por militares y políticos posrevolucionarios y poco después, profesionales formados en la universidad nacional. El segundo periodo cedió la estafeta por otras 3 décadas de 1988 a 2018 a personajes formados en Harvard, Yale y el Instituto de Massachusetts. Incluyendo una alternancia en el poder, un partido de derecha que solo permaneció 2 sexenios, producto de su ineficacia y corrupción.

 

Todo el proceso ha tenido  denominadores comunes. Un sistema presidencialista de excesos, vocación antidemocrática, autoritaria, corrupción institucionalizada, saqueo sistemático, explotación y desprecio social. Además de varios presidentes con una marcada ignorancia y frivolidad manifiesta.

 

Sin restarles mérito a congresos sumisos, lambiscones, ineptos y formados por una clase política con un perfil de abusos y corrupción inaudita.

 

Un sistema de justicia inexistente, inoperante, con una suprema corte que vivió para disfrutar sus privilegios, al amparo y bajo el yugo del poder presidencial. Fomentando una violencia de estado, tolerada por los ciudadanos durante décadas. Un caldo de cultivo de corrupción, generado por la profunda impunidad.

 

El mundo actual, hoy exige escenarios evolucionados en materia de tecnología, comunicación y economías prosperas, las improvisaciones y países cerrados al cambio y evolución política, no tienen cabida en un mundo competitivo. Están destinados a tener un pobre desarrollo humano.

 

Un estadista que tenga el deseo de transformar una sociedad y ganar un lugar en la historia, requiere una formación sólida, integral, competitiva, solidaria. Y adquirir la experiencia en las trincheras sociales y políticas capaces de forjar un carácter y adquirir la sabiduría y conocimiento de grandes estadistas históricos. Eso, no lo tenemos hasta el momento y nuestros héroes históricos, en su mayoría, son burdas creaciones del sistema para manipular a la sociedad.

 

Un simple juicio de los hechos más relevantes de nuestros héroes nacionales, los convierte en seres humanos de carne y hueso. Cuando se analizan sin mitos, son fascinantes y trágicas sus biografías personales.

 

La historia oficial, maniquea, ha vendido como héroes, sin pudor alguno, a verdaderos villanos, traidores, asesinos, ineptos o ignorantes y les crean monumentos y obras testimoniales con su nombre. No es un sacrilegio poner las cosas en contexto, el análisis, no pretende descalificar personajes de la historia ni a quienes participaron en ella. Es algo mucho más concreto. La pretensión, es otorgar su justo valor a cada persona y a cada hecho histórico y ubicarlo en un contexto de reivindicación y juicio imparcial, que enseñe a valorar a las personas por hechos reales, documentados y ser capaces de mostrar con evidencias, los acontecimientos que definen nuestro pasado. Solo cuando se aceptan y rectifican errores pasados, es posible evolucionar y construir un futuro diferente. Este régimen está obligado a reivindicar a muchos personajes, desenmascarar  y desmitificar a muchos otros. Es una obligación con la historia y la justicia.

 

Dejar de propagar una historia cargada de mentiras y autoengaños, es el primero y más importante paso para trasformar el país. Seguir pregonando historias falsas o a propia conveniencia es un proceso mental inaceptable. Seguir mintiendo, no tiene sentido, pero aceptar las mentiras sin cuestionar, tampoco. Pensar libremente siempre tiene un costo y hay que pagarlo.

 

En síntesis, las condiciones actuales del país, han sido generadas por sistemas sociales excluyentes, antidemocráticos y con una gran dosis de desprecio social. Enmarcado en una violencia de estado, sin posibilidad de ejercer los derechos humanos a plenitud, en particular por los grupos sociales vulnerables. La etiología primaria, se puede  encontrar en la carencia de un verdadero estado de derecho. Todo lo demás, es consecuencia.

 

El desprecio social tiene su mejor expresión, en datos tangibles y una anécdota descrita a continuación.

 

En el año de 1895 cuando se levantó el Primer Censo General de Población, solamente el 17.9% de la población sabía leer y escribir. En 1930, V Censo Nacional, ascendió al 38.5%. En el año 1950, el 55.8% sabían leer y escribir. En el año 1980 el X Censo, el 83.0 %, sabían leer y escribir y en el año 2000, el  XII Censo, el 95.6%, sabían leer y escribir.

Promedio de escolaridad en el México actual, 9 años. Promedio en los países más avanzados del mundo, 14 años. No mencionamos la calidad, porque ahí, la realidad nos desnuda y no hablaremos de analfabetas funcionales*, porque son términos y terrenos muy escabrosos, que ameritan análisis de especialistas. (UNESCO *Cuando tiene 15 o más años y cuenta con tres o menos años de educación básica).

 

El escenario, puede ser ilustrado con una famosa anécdota de Vicente Fox. Presidente de México del año 2000 al 2006.

 

El gobierno en el año 2003, puso en marcha el Programa Nacional “Hacia un país de lectores”, que contemplaba Bibliotecas de Aula. La fundación Vamos México, de Marta Sahagún, esposa del presidente, y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) pretendían distribuir 78 millones de  libros: Guías para padres. Sin embargo, el presidente Vicente Fox considera que la gente es más feliz si no sabe leer. Aquí su visión.

El martes 11 de febrero de 2003, en una gira por Querétaro, sostuvo un diálogo con un grupo de mujeres campesinas:

¿Cómo me ven? —preguntó Fox

Bien, bien —contestó una señora.

Jalando bien, ¿verdad? ¿Ustedes leen el periódico?

No, pues yo no sé leer, pero en la televisión sí lo veo.

¡Mejor! Va usted a vivir más contenta. No podrás leer las malas noticias.

“Así, Fox, siendo presidente de la república, mostró su interpretación personal del Salvaje feliz, de Jean Jacques Rosseau, donde la ignorancia es la condición de la felicidad”.

Calderón, recientemente afirmó desconocer los vínculos de su secretario de seguridad con el narcotráfico. Detenido actualmente y en procesos judicial en USA, por delitos graves.

Además de violar la soberanía nacional con la operación “rápido y furioso” y dejar impune la muerte de 49 niños en una guardería  manejada por familiares de su esposa.

 

Peña Nieto, además de los escándalos de la casa blanca, Ayotzinapa y Tlatlaya, por mencionar algunos. Fue incapaz de demostrar haber leído tres libros en toda su vida.

 

El actual ejecutivo, López Obrador, afirmó sin pudor alguno, que sus colaboradores, requieren 90% de honestidad y 10% de experiencia. Esto ya cobró factura, han renunciado un buen número de colaboradores y la crisis generada por la pandemia de coronavirus, acumula hasta el 19 de junio,  más de 20 mil defunciones. En gran medida por un manejo errático de las políticas públicas,  información contradictoria hacia la población que emite el propio ejecutivo y las autoridades sanitarias.

 

La Secretaría de Salud a través de su vocero, sistemáticamente altera, subestima y modifica la información con fines políticos. Hay enfrentamientos con gobernadores, descalificaciones del personal de salud y unidades hospitalarias que carecen de insumos para enfrentar la crisis sanitaria. Sin dejar de mencionar que el Consejo de Salubridad General, que es un grupo colegiado plural y  máxima autoridad sanitaria del país,  se utiliza con fines políticos.

 

Solo son algunos hechos documentados emblemáticos. Hay múltiples denuncias por corrupción e impunidad que han llenado miles de páginas de libros y artículos periodísticos. De ese nivel es la clase política que ha gobernado y gobierna este país.

 

La diferencia, como se observa, desaparece, todos tienen el mismo concepto de la formación humana y la indiferencia por la educación de las personas. Sean tricolores, azules, amarillos o morenos.

 

La indiferencia hacia la educación, la cultura, la ciencia y la ley, es un problema sistémico. Las sociedades modernas han demostrado que las únicas palancas de desarrollo sólidas, en países democráticos, son la educación y el empleo. Impulsadas a través de generar oportunidades e inversión, enmarcados en un estado de derecho.  Cuando  tenemos personas de estado con esta visión, no se pueden esperar transformaciones, solo décadas y oportunidades perdidas.

 

Un sistema educativo que está en los peores lugares a nivel mundial en cuanto a calidad. Un país donde no solo no se enseña inglés, sino que se inhibe su aprendizaje, siendo socios comerciales de la economía más grande del mundo donde se habla inglés, es imposible competir. Solo un  5% de la población en México maneja el inglés como idioma alternativo. Son absurdos no superados y que no pueden soslayarse.

 

De acuerdo al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que mide tres indicadores globales: nivel educativo, ingreso per cápita y esperanza de vida. Publicado el 9 de diciembre de 2019 y compilado basándose en estimaciones de 2018. Reporta que México se encuentra en el lugar número 76. Un rezago importante, si se considera que México de acuerdo con el PIB, ocupa en 2018 el lugar 15 como economía global. Y es el país con la tercera economía de américa, solo por debajo de USA y Brasil.

 

Si se hace un análisis objetivo, la ciudadanía no se equivocó al impulsar un cambio definitivo en el régimen de nuestro país. El costo que se paga el día de hoy, con una recesión económica durante 2019, una pandemia manejada con tintes políticos y una incapacidad para ejercer y aplicar políticas públicas ordenadas y eficientes, era esperado y se debe asumir, acabar con un sistema corrupto, sin violencia, no es poca cosa.

 

Los cambios democráticos son así. Generan incertidumbre, curvas de aprendizaje y decepciones. Debemos ser optimistas, se espera, que los costos, no sean tan altos como el siglo de corrupción que padeció la nación. Se espera que la ciudadanía sea capaz de identificar y evitar que un movimiento pernicioso eche raíces otra vez. El riesgo, siempre está latente. Está en los genes del sistema.

 

Al final del día, nadie individualmente será capaz de cambiar un país. No hay mesías ni caudillos, pasó su tiempo. Esa etapa ha sido superada por sociedades progresistas y democráticas. El cambio social, lo tiene que hacer la sociedad en su conjunto, cuando se busquen los puntos de encuentro y se sacrifiquen algunos intereses personales y de grupo, en aras del interés común. Para lograrlo, es indispensable formar paulatinamente una nueva generación de ciudadanos y en particular de servidores públicos, con integridad personal y vocación de servicio mucho más sólida y líderes innovadores de instituciones incluyentes y democráticas. Es una tarea pendiente.

 

En casi dos años, desde la última elección de julio del año 2018, hemos pasado de manera abrupta, de la euforia a la decepción. Se observa incapacidad e ineptitud para concretar la legitimidad democrática lograda por la ciudadanía. Algo muy similar a la alternancia del año 2000. Fue electo con gran esperanza un nuevo partido, que resultó ser encabezado por un ejecutivo incapaz, un gobierno concentrado en la corrupción e intereses de grupos económicos, que saquearon el país, por enésima ocasión. La alternancia genera escenarios propicios para los cambios de fondo.

 

La crisis sanitaria posterga el análisis, pero no elimina  los problemas del país. La pobreza, inseguridad, desempleo, empleo informal, impunidad, instituciones débiles y ausencia de estado de derecho. México requiere superar la crisis sanitaria lo antes posible y reiniciar la reconstrucción nacional. No se puede echar por la  borda la legitimidad lograda. Se tiene todo el escenario propicio para realizar cambios estructurales definitivos. Instituciones sólidas, allanar el camino para que las próximas generaciones lleven al país a un desarrollo pleno. Porque, aceptemos, esto llevará tiempo, por los problemas históricos que se arrastran y por la crisis de coronavirus que agobia al mundo.

 

Un ejemplo: el principal problema nacional es la pobreza de 56 millones de personas; y el nuevo gobierno, experto en pobreza y manejo de sus raíces y consecuencias, impulsa una conducta clientelar de los programas sociales, y eso ha demostrado no ser la solución, sino está soportado por reglas claras, transparencia, rendición de cuentas y evaluación de los impactos sociales.

 

Se ha llevado a rango constitucional, el otorgar subsidios  a grupos vulnerables. Sería lamentable que al cabo de 10 o más años, se revise el impacto del cambio jurídico y se observe que la pobreza continúa o incluso aumentó. Un ciclo que se ha repetido por décadas. Coplamar, solidaridad, progresa, oportunidades, prospera, conasupo. Cambio de nombre en 43 años y pobres resultados.  Esperaremos.

 

El país debe reconstruir su entramado social dando valor al trabajo. Es loable y necesario, ayudar a los más necesitados, pero con un enfoque de transición que modifique su condición social, no a base de caridad y dadivas, sin un compromiso colectivo de cambio en la estructura laboral y productiva. La caridad y el altruismo son un proceso aceptable, noble y generoso, pero no como alternativa para crear desarrollo y un país próspero. Para eso  se requiere, formar capital humano, acceso a tecnología, empleo remunerado con justicia, propiciar y estimular inversión inteligente, trasparencia y estado de derecho. A eso debemos aspirar y nada menos, como proceso social. Si este gobierno no ofrece esas condiciones, se cambiará por otro.

 

La pregunta no es: ¿qué hacemos con los ricos? ellos se cuidan solos, el mayor reto del país, es: cómo ayudar y dar empleo a los más pobres, que permita su avance en la esfera social.