Adiós al Caifán Mayor, Óscar Chávez, por Francisco Javier Posadas

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 “Hoy te quiero cantar más allá, más allá de donde ha de llegar la canción.”

Silvio Rodríguez

Ninguna persona muere, mientras viva en el corazón o la memoria de un amigo.

  1. Newman.

La muerte de Óscar Chávez Fernández, el 30 de abril, día del niño, de este fatídico año 2020, magnifica las consecuencias de esta pandemia de COVID-19, llena de calamidades. Ubica un dato más de este acontecimiento global y será otro motivo, para recordarla.

Las generaciones, tienen sus representantes en diferentes esferas de expresión humana. La música identifica épocas, hechos, momentos. Lleva a escenarios y ubica en partes de la biografía personal  y moldea un pasado que nos define, por estrofas, melodías y letras conocidas y reconocidas.

En pocos años, han cambiado escenarios, hay etapas marcadas por la música de intérpretes populares de México y américa latina, artistas populares que desaparecen en cascada, el tiempo es invencible y, ya no están. Los tríos, Pedro Infante, Jorge Negrete, Agustín Lara, Javier Solís, Julio Jaramillo, Pedro Vargas, Toña la Negra, José Alfredo, Juan Gabriel, Facundo Cabral,  y recientemente Alberto Cortéz, José José, Leo Dan y Chamin Correa, dejaron su música. Por supuesto, cada quien tendrá sus favoritos, pero todos estos son clásicos de los Baby Boomer. Hay sensaciones extrañas de vacío, el tiempo ha pasado, y, al igual que “La loca del muelle de  San Blas”,  los ojos se nos han llenado de amaneceres. Nuestro tiempo es prolongado, hemos vivido. La música, nuestra música, dibuja sonrisas, recuerdos, sensaciones, anécdotas, personas. Dibuja una historia, una existencia. Y acaso nos hace recordar nuestro primer sentimiento.

De todos ellos tenemos música, aquellos años sin tecnología digital, escucharlos en la radio, posteriormente en discos de acetato, casete, discos compactos, walkman, IPod  y ahora Spotify, una  maravilla moderna, con una tecla,  tenemos la música a nuestras anchas, puedes escuchar música acorde con tus estados de ánimo, tu gusto, tu época, en la privacidad de unos audífonos, donde la música se funde con uno mismo y nos lleva a una de las experiencias personales más intensas. Escuchar música de tu agrado.

Muchas tardes pasamos escuchando sus cánticos. La música, “nos da por llorar”. “Un poco de amor, es todo lo que ansía mi pobre corazón”. Pero Óscar Chávez, fue más que un cantante. Fue un artista con espíritu revolucionario, utilizó sus canciones como herramienta para defender la música, sus ideas y las causas sociales. Escuchar sus éxitos, invita a reflexionar, escuchamos sus letras y rememoramos, paladeamos el pasado y sus protestas.

Hoy, en pleno siglo XXI, la pandemia de coronavirus en México, cobra una víctima, ícono viviente. Se llevó a un grande  de la música mexicana. Óscar Chávez fue y es parte de nuestra cultura nacional y sus canciones, se saboreaban con “panecillo, azúcar y canela muy caliente, por la bella Mariana”.

Todos los veteranos con 5 décadas encima, conocimos su trayectoria y su música porque representó la protesta social con canciones, como heredero de la música antigua de México y los corridos de la revolución. Su música de protesta, se empezó a gestar después del movimiento de 1968, eran otros tiempos, se arriesgaba la vida, la libertad y el futuro de quienes se enfrentaban al sistema. Los escenarios le daban un halo de clandestinidad a su música y como jóvenes rebeldes, escuchar sus letras nos hacía sentir revolucionarios.

Cantante al fin, utilizó la música como herramienta de protesta y revolución social pacífica. Definido como el cantor de protesta. La difundió sin redes sociales, cantaba y adaptaba canciones mexicanas antiguas, componía y enriquecía su acervo con relatos de revoluciones latinoamericanas. Vivió y superó su tiempo. La longevidad otorga oportunidades y una importante, es sentir cambios paulatinos a través del tiempo y generaciones. Su trayectoria se consolidó a través de cosas muy concretas, una voz privilegiada, que le permitió siempre, interpretar canciones con un significado emocional, sin disfraces. Un tipo de izquierda y honesto que opuso resistencia a los criterios comerciales de la música.

La descripción de quienes lo conocieron, Jaime López, Armando Vega Gil, Jorge Buenfil, Guillermo Velázquez, es muy clara y transparente. Lo describen como un amoroso de la música tradicional mexicana. Un huraño, parco, que pasea por todos lados la música que nos pertenece. Un folklorista mexicano con profundos principios y un comportamiento ético intachable. Siempre lejos del poder, dinero y de los intereses frívolos del mundo moderno de la música. Él se describía como un capitalino, tenía un padre bohemio     con talento innato para cantar y tocar la guitarra, su padre, le despertó el gusto por la música.

Óscar, representante distinguido de la nueva trova mexicana. Compañero de mil batallas de Amparo Ochoa, Tehua, Gabino Palomares, Los Nakos  y Los Folkloristas. Acompañado siempre, por su inseparable “Trío Los Morales”. Le cantó al Che Guevara, a Juan Cortina, Román Castillo, al Charro Ponciano, la onda de David, a Salvador Allende, al EZLN. Y por supuesto, le espetó, guitarra en mano, sus corruptelas al gobierno mexicano durante más de 5 décadas.

Óscar Chávez nació en la Ciudad de México en la colonia Portales. El 20 de marzo de 1935, creció en la Colonia Santa María La Ribera, su infancia y adolescencia. Posteriormente se cambió a la Roma Sur, donde vivió hasta su fallecimiento. En su juventud, estudió teatro,  guiado por maestros como  Emilio Carballido y Salvador Novo. Personajes consagrados de las letras. La  primera obra de teatro en la que participó como actor, fue en 1958, “A ritmo de juventud” dirigida por Enrique Lizalde, primo hermano de Óscar, un gran actor de carácter de la época y con un tono de voz muy parecido.

 

En 1962 se inició en la música. En particular con música mexicana antigua, con este género grabó su primer disco, el siguiente año, “Herencia lírica mexicana”  editado por la compañía disquera Polydor. Su primera canción fue el corrido de Román Castillo.

 

En 1963 participó como director de teatro con dos obras de Elena Garro, “Un hogar sólido y “Ventura Allende”. Trabajó en Radio Universidad y montaba obras, como director, productor y locutor. Y conoció a los mejores escritores de la época. Paz, García Márquez, Vargas Llosa, J. Emilio Pacheco.

 

El Caifán mayor, le llamaban por su participación en “Los Caifanes”. Película mexicana realizada en el año de 1967 por el Director Juan Ibáñez, con bajo presupuesto y considerada entre las 100 mejores películas mexicanas. Ícono del cine nacional, filmada en la Ciudad de México en locaciones improvisadas. Parques, funerarias, fondas, plazas públicas y hasta en la calle Reforma, aparece la fuente de la “Diana Cazadora” a la que le ponen ropa. El argumento es obra de Carlos Fuentes y compartió escena con Enrique Álvarez Félix (personaje, Jaime Landa),  Sergio Jiménez (Capitán Gato),  Ernesto Gómez Cruz (El Azteca),  Eduardo López (El Mazacote). Tamara Garina (Fantasma), Óscar Chávez (El Estilos).  Y por supuesto Julissa (Paloma). Todos compañeros de una noche de juerga, durante la trama de la película. Cada uno, artista consagrado con los años y varios de ellos, ya fallecidos. Eduardo López, trabajó en “La mujer de Benjamín” y en “La ley de Herodes”, en esta última, encarna al médico del pueblo, San Pedro de la Saguaros. Falleció en 1999 poco después de la filmación. Ernesto Gómez Cruz, trabajó en películas icónicas como, “El callejón de los milagros”, “El crimen del padre amaro” y recientemente en “El infierno”.

 

En el año 1968, Óscar Chávez participó en el movimiento estudiantil y a partir de ese acontecimiento fue que despertó su inquietud por la música de protesta, rebelde al fin, fue protagonista principal del documental “El grito, México 1968”. De Leobardo López Arecheta. Y En 1970, realizó su primer disco de antología de música de protesta.

 

En el año 1973, participó en un intento fallido de formar un sindicato de artistas independientes, lo cual le trajo rechazo y escarnio de la Asociación Nacional de Actores (ANDA), que estaba afilada al PRI, a partir de ahí y durante varios años, eso le costó ser vetado de  actividades artísticas, por lo que se dedicó a su producción musical, componer, cantar y realizar presentaciones en la Ciudad de México, en escuelas y facultades.

 

En una ocasión, en una entrevista le preguntaron por qué no internacionalizó con mayor intensidad su música y su respuesta fue simple: “nunca lo necesité”, la Ciudad de México me permitió vivir en la música y de la música. México da para eso y mucho más. Siempre fue reservado, y poco afecto a los homenajes, se describía como un cancionero que ejercía el oficio de cantar. El Caifán Mayor, fue un personaje reservado, de escasas palabras pero claras, poco mediático, ajeno a la fama frívola. Siempre manifestó sus discrepancias con el poder y en sus años recientes, renegó de los 15 sexenios que sufrió.

 

En el año 1974, presentó su canción “Por ti”, sin duda su mejor canción y una de las mejores de la música vernácula mexicana.

 

Realizó programas de radio, trabajó en el Teatro Blanquita. Fue el primer artista del género de música mexicana que se presentó en el Palacio de Bellas Artes en el año 1973, 1992 y 1997. De los años 1998 a 2015, realizó presentaciones una vez al año, en el Auditorio Nacional.

 

Como cantante, se presentó en festivales nacionales de música, presentó conciertos y recitales en el Polyforum Cultural Siqueiros, conciertos gratuitos en plazas públicas como el Zócalo de la Ciudad de México y en ciudades de países como Argentina, Chile, Cuba, Ecuador, España y Holanda.

 

En el año 1994, declaró públicamente ser simpatizante del movimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas. Y participó en actividades organizadas por el movimiento y mantuvo comunicación con la dirigencia. Realizó un disco como apoyo al EZLN. En el año 2018, incluso participó en la campaña  para elegir una candidata indígena independiente a la presidencia de la república, militante del EZLN. María de Jesús Patricio, Marichuy, participó recabando firmas y cantando en conciertos.

 

En el año 2004, editó un nuevo álbum de parodias con canciones de protesta. En el año 2016, realizó un concierto multitudinario en el zócalo de la capital del país, para celebrar sus 50 años de trayectoria artística. En marzo del año 2019 participó como artista principal del  festival “Vive latino” ante más de 30 mil personas. Evento realizado cada año,  desde 1998 en el Foro Sol, de la Ciudad de México.

 

En un evento realizado el  28 y 29 de julio del año 2019, fue reconocido, por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, como Patrimonio Cultural Vivo de la Ciudad, en la Fiesta de Trova y Canción Urbana Cantares. Uno de sus últimos conciertos. Se observó con voz apagada y con la carga propia y natural de los años, pero con el espíritu íntegro, e interpretando la música y éxitos que siempre difundió.

 

Realizó su último concierto en noviembre del año 2019 en el bosque de Chapultepec. El 29 de abril del año 2020, ingresó al hospital 20 de noviembre, del ISSSTE, por síntomas graves de COVID-19, diagnóstico confirmado por laboratorio. Falleció el día siguiente, por complicaciones respiratorias, tenía 85 años de edad. Como ironía, debimos decirle al virus, por ti…

 

Sus mejores canciones, lo identifican.

 

Por ti. Del año 1974, canción que retrata su personalidad y su sentir. Aunque es una canción de amor, es un drama, refleja un sentimiento diferente, expresa a su manera, palabras con una filosofía personal muy propia. Una existencia dolorosa, un carácter y talante dramático para manifestar sus sensaciones. Expresa una personalidad firme, atormentada, que más que sentir los placeres del hedonismo amoroso, describe sentimientos contradictorios. Lo que deja de hacer, pierde y demonios que lo persiguen. Buena rola.

La niña de Guatemala de José Martí. Dicen que murió de frío, yo sé que murió de amor.

La parodia de “La casita”. Oda a la corrupción de los políticos mexicanos. Autor, Manuel José Othón,

Hasta siempre comandante, de Carlos Puebla. Compositor cubano.

Macondo, inspirada en “Cien Años de Soledad” del año 1972, de Daniel Camino Diez. Autor Peruano.

Perdón, bolero de Pedro Flores Córdova. Nacido en Puerto Rico. De sus interpretaciones favoritas.

 

La Ciudad de México, tiene sus propios encantos y sus cantares, que la describen en todas sus facetas y la tienen como foro nacional y global de lo que la ciudad representa para nuestro sufrido país. Café Tacuba, Chava Flores, Guadalupe Trigo, Oscar Chávez, la pintan de cuerpo entero. Hoy tenemos uno menos que deja un legado y pasa a las páginas de la leyenda.

 

Descansa en paz, Caifán Mayor, cumpliste. Disfrutamos tu música, por ti…