México y sus dolores. Por el Doctor Francisco Javier Posadas

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México y sus dolores.  

“Muy pocos hombres caen muertos por exceso de trabajo, pero muchos  se acurrucan y silenciosamente mueren por insatisfacción”

Sydney Harris

Actualmente,  la tendencia de las conductas humanas y la convivencia, privilegia los escándalos  y las emociones que nos despiertan las tragedias ajenas. Hemos perdido un elemento básico que es la capacidad de admiración ante las cosas realmente sorprendentes y de valor y se han sustituido por las cosas que tienen un costo o un precio o simplemente son escandalosas.

 

Nuestro país, ha ingresado a un proceso colectivo de cambios aún tímidos pero definitivos,  propiciados por la sociedad en su conjunto. El objetivo es contar con una democracia en proceso de consolidación. Se ve lejana, pero factible. Hay potencial, una sociedad que es un mosaico de diversidad, y es ahí, donde radica su verdadera fuerza.

 

La gente desea gobiernos más eficientes y menos onerosos en los tres niveles, Federal, Estatal y Municipal, que faciliten la solución de los problemas que le competen y no se vea el erario público como un botín.  Esto no es fácil ni se dará por decreto, tendrá que continuar la lucha colectiva por cambiar el panorama nacional.

 

El nacer, crecer y vivir en un proceso de ilegalidad como deporte nacional, ha impedido que la sociedad mexicana se manifieste con  progreso y justicia social.

 

Hoy, la demanda de la gente que trabaja, produce y paga impuestos, es que los servidores públicos entreguen cuentas, ejerzan el servicio en un esquema de transparencia. Sin ello, ningún país por rico que sea,  puede aspirar a progresar.

 

La solución a nuestros problemas de pobreza, es integrar a la población en pobreza y pobreza extrema, a un estado de derecho y libertades, sin discriminación alguna, que ingrese a la fuerza laboral, a un proceso educativo y tener claro que la pobreza se resuelve con fuentes de trabajo, de ninguna manera con dádivas o caridad.

 

La gente requiere escenarios sociales que faciliten su desarrollo por trabajo y esfuerzo propio, con mecanismos de gobierno que faciliten su acceso a satisfactores primarios, como la salud, educación, vivienda y empleo. Se dice y con razón que la entrega de prerrogativas al ciudadano debe ser basado en su capacidad de producir riqueza para sí mismo y para la sociedad.

 

La contraprestación a los derechos, debe ser el trabajo, cumplir con las obligaciones cívicas y generar riqueza. La certeza jurídica de la propiedad privada, seguridad y el derecho, deben soportar el comportamiento legal de la sociedad. Si esto no se logra, con qué cara, el gobierno puede aspirar a cambiar el escenario de un país que deambula en lodos de inseguridad y anarquía.

 

El único camino que otorga certeza para combatir la pobreza, es el trabajo, cualquier otra fórmula está condenada al fracaso, aunque muchos políticos se empeñen en hacernos creer lo contrario.

 

Los programas de combate a la pobreza no han sido estructurados para revertir las malas condiciones de vida de la gente, sino para  entregar paliativos que justifiquen la incapacidad para revertir un problema histórico que,  aceptemos, no es de hoy, sino de siglos.

 

No hay soluciones simples para problemas complejos, pero si debe entenderse cuál es el trasfondo del problema. En México mucha gente no trabaja, porque  no se ha dado el valor al trabajo y también, hay que decirlo, por falta de fuentes de empleo remuneradas con justicia y equidad. Y la gente ha tomado el atajo de fuentes informales de empleo. Esto no solo genera menores ingresos a las arcas nacionales en impuestos. También evita que las personas tengan acceso a prestaciones de ley y perpetúa la tragedia de la tercera edad en situación de pobreza y abandono. Durante décadas,  se le ha dado y se le sigue dando  prerrogativas que no provocan movilidad social y no resuelven el problema de fondo.

 

Por otra parte,  se ha privilegiado a pequeños grupos de poder económico que han ensanchado la brecha entre pobres y ricos. Y como coincidencia, tampoco pagan impuestos o se les condonan. Lo que ha generado una de las sociedades más inequitativas del mundo. Con millones en extrema pobreza y un pequeño grupo de personas con las fortunas más grandes de América Latina. Esto es generado por políticas equivocadas en el manejo de país.  Considerando la riqueza histórica, natural y los grandes hombres que ha tenido México, creemos que el país y sus habitantes merecen mejor suerte.

 

México tiene muchos dolores, duele el pasado trágico, sangriento. Voltear al pasado siempre generara indignación, porque está plagado de guerras, traiciones, odios. Donde los villanos se vuelven héroes y los verdaderos héroes son olvidados. Ese pasado y esos dolores, deben otorgar la fuerza para hacer estallar el gran potencial y capacidad social que ha dormido el sueño de la historia.

 

Se han sacudido algunas pulgas, pero hay que construir y reconstruir instituciones a partir de bases y preservar aquello que ha evolucionado. No es necesario hacer demoliciones. Reordenar, remodelar, reconstruir el bagaje nacional con las nuevas evidencias, la nueva tecnología y con un fuerte enfoque de derechos, es un camino más corto y menos sinuoso.

 

“La mejor decisión, siempre será, la que beneficie al mayor número de personas”.

 

Parecería absurdo, pero las personas que han llegado al máximo cargo nacional, de presidente de la república, que debería ser un privilegio y un camino para trascender en la historia, a través del servicio público. Se ha convertido en un pasaporte automático a la ignominia y el descredito social. Y ahora ex mandatarios aparecen señalados por investigaciones  por complicidad con capos. Otorgaremos el beneficio del principio de garantía de inocencia, hasta no demostrar lo contrario, pero hay hechos, evidencias y  números, que son francamente contundentes.

 

Poco a poco deben sedimentarse las pasiones y la polarización social. Las decisiones del gobierno actual no tienen el componente de consenso social que se esperaba, pero es de esperar que la realidad sea el verdadero contrapeso de esas decisiones. La historia dice: cuando no se escuchan advertencias de críticos inteligentes de todos los niveles, terminan  por extraviarse y culminar sus periodos históricos, traicionados y abandonados, por sus propios ideólogos e incondicionales. Más tarde que temprano, se rendirán cuentas y se enfrentará el implacable juicio de la historia, es inevitable.

 

Los dolores de México, debe mover a la reflexión colectiva. El cambio está en cada uno. En esos pequeños círculos cercanos puede cambiar el escenario.  Trabajar en equipo, formar gente, guiarse por la cultura de la legalidad, gobernar con el ejemplo, trabajar con  pasión y compromiso, mantener los principios a pesar de los entornos desfavorables. Ese es el verdadero México que queremos que despierte. El México que vive dentro de  nosotros. Pletórico de derechos y libertades. Como lo es, de fiestas y colores.

¡Felices fiestas!