La historia los alcanzó, por Francisco Javier Posadas

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Hace algunos días, los últimos secretarios de salud del periodo neoliberal. Soberón,  Frenk, Córdova, Chertorivsky, Mercedes Juan y Narro;  enviaron a los medios y a la presidencia de la república, un escrito manifestando su desacuerdo con la desaparición del seguro popular y la creación del instituto de salud para el bienestar. Solo uno de ellos, de la Fuente no lo firmó, ahora es representante de México ante la ONU. Otro secretario desapareció de la escena pública, José Antonio Gonzáles y Kumate falleció recientemente.

Es evidente que a la luz de los hechos, todos los que firman, tuvieron su oportunidad de realizar los cambios de fondo. Algunos más otros menos, trataron de hacer su trabajo, el balance es negativo y tiene que ver con su comportamiento personal ante el poder. Todos sin excepción, estuvieron supeditados a las conductas, caprichos y desviaciones políticas de presidentes ineptos y corruptos. Sin tener el valor civil y científico de enfrentarlos, en aras de no perder el cargo. Con conocimiento pleno, quienes los nombraron permitieron, toleraron y algunos fomentaron y protegieron la corrupción. Y los secretarios de salud, no tuvieron el valor y la honestidad para renunciar o enfrentar la realidad y hacer propuestas para lograr un sistema de salud universal, eficiente y con la calidad que el país necesitaba y necesita.

Hechos burdos, tolerados sin pudor. Ejemplo: el seguro social, Pemex  y el ISSSTE, se manejaban de manera autónoma y nunca se alinearon a las políticas nacionales de la secretaría de salud, como órgano rector y ninguno corrigió esto, a pesar de que la ley los facultaba para hacerlo. Generando desarticulación, islas de poder y anarquía en el sistema y  lo más grave, se violentaron durante  décadas, los derechos de los ciudadanos en el sistema de salud en materia de pensiones, cobertura, vigencia de derechos y cambio de régimen de seguridad social.

Cada uno de estos secretarios, no estuvieron a la altura y la sociedad decidió un cambio a través de un proceso democrático. Cualquier logro que hayan alcanzado -y se reconocen los avances-  se opaca por su complicidad ante los evidentes actos de corrupción tolerados y realizados por los presidentes en turno, desde el quebranto del seguro social, ineficiencia en el ISSSTE, corrupción en seguro popular y los sindicatos, fraudes electorales, errores de diciembre, fobaproas, asesinatos políticos, guerras sucias, desafueros, guerras absurdas contra el narcotráfico, estafa maestra y desviación de recursos públicos para las campañas. Todo esto orquestado desde las más altas esferas del poder  con singular alegría. La conducta ética en ese momento era denunciar y renunciar. No, la respuesta siempre fue, el silencio.

Estos mismos personajes, hoy gritan desaforadamente para que el gobierno escuche sus demandas y recomendaciones y cuando estuvieron en el poder, callaron para conservar el cargo y los privilegios que éste les otorgaba. Cuando la historia los alcanzó, se escucharon los estertores de los emisores del pasado. Un pasado que llevó al país, a un hartazgo social.

Es lamentable que Frenk, por ejemplo,  desde una universidad de un país que discrimina, ofende, asesina y descalifica a los mexicanos de manera sistemática, cubierto por los privilegios del capitalismo, hoy cuestione y arroje pedradas a una casa que el mismo construyó. Debería permitir que este gobierno ejerza su derecho a gobernar y a tomar sus decisiones como lo hicieron ellos. Este gobierno tendrá que rendir cuentas también en su momento y la historia será, igualmente implacable.

El resto de ex secretarios, viven en el descrédito, todos fracasaron en intentos vanos para ser electos a cargos específicos, incluyendo cargos de elección popular.

Narro, definido por el presidente actual como, “matraquero del pri”, fracasó en su intento por ser candidato  a presidente de la república  y presidente de su partido, al cual renunció. Se dio cuenta 46 años después, que no era un partido democrático.

Córdova, fracasó en su intención de contender para el gobierno de su estado; Chertorivsky fracasó en su intento por ser candidato a jefe de gobierno de la CDMX y Frenk fracasó en la elección para Secretario General de la OMS. Mercedes Juan no participó en política después del cargo de secretaria de salud. Y Soberón, vivió otra época, pero no se puede omitir que modificó la constitución para tutelar el derecho a la salud, sin crear las condiciones para ejercerlo. El presidente que lo nominó, de la Madrid, fue el ejecutor de uno de los fraudes electorales más burdos en la historia de México, que permitió acceder a la presidencia a Carlos Salinas. Soberón en su momento, también guardó silencio.

Las lealtades mal entendidas, hacia un sistema hegemónico, hoy cobran factura y a la luz de los hechos, pone a cada quien en su justo lugar en la historia. Y es solo el principio.

De la Fuente colaboró con Zedillo. Ahora en este gobierno, se desmarcó del documento, esperemos que no pierda la actitud crítica y autocrítica en aras de no perder el cargo que ostenta. Argumenta que no lo firmó, porque no fue consultado y no pertenece a ningún partido político, pero en los hechos, sus conductas van más allá de la lealtad a un partido. Porque ahora resulta que se ha olvidado de la crítica y autocrítica que tanto ha pregonado, cuando observa políticas públicas chafas y ha estado fuera del gobierno.

En estos días, hay carencia de insumos, vacunas y a ocho meses del ejercicio fiscal, las licitaciones de medicamentos se declararon desiertas. Ante eso, también prudentemente ha guardado silencio. Es necesario cuestionar estos hechos, porque el movimiento al que apoya, es el responsable de estas políticas públicas que afectan a los ciudadanos y el conoce la importancia de estos procesos. Parece ser que no es una cuestión de pertenecer a un partido, sino de lealtades mal entendidas cuando esto beneficia los intereses personales. La historia juzgará sus conductas. Aquí solo se plasman los dichos y los hechos.

Es evidente que la gestión de cada uno, fue evaluada por la opinión pública y no estuvieron a la altura de las necesidades del país. Con el nivel académico y económico que tienen, prudentemente, ahora sí, deberían guardar silencio, por simple ética personal y vergüenza política. Y los que están dentro del gobierno, deberían tener una actitud mucho más honesta y cuestionar los evidentes errores por falta de conocimiento y capacidad de las nuevas autoridades. Existe el riesgo, de perder el cargo por contradecir al secretario del ramo o presidente en turno, pero es menos probable que terminen en la ignominia como todos sus colegas, porque a diferencia de ellos, estarían haciendo lo correcto y no lo políticamente aceptable. Queremos que cambie el país, podemos empezar por cambiar nosotros mismos. Bien dice la sabiduría popular: “no es lo mismo, ser borracho, que ser cantinero”. Y como decían los Parsis, adoradores de la verdad; “El silencio, es a veces traición”