La administración pública en el nuevo régimen, por Francisco Javier Posadas

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(Políticas públicas basadas en evidencias)

Cancelar un aeropuerto con 31% de avance de una obra multimillonaria, que se construyó con impuestos de los contribuyentes, parece atentar contra el trabajo de millones de mexicanos y la aportación de sus impuestos. Más que combatir la corrupción, parece una venganza contra enemigos políticos. Porque de haber corrupción, habría personas procesadas, sentenciadas o multadas. Se canceló y se inicia una alternativa en Santa Lucia.

 

Se afirma que tendremos un sistema de salud como el de países escandinavos. Sin embargo, vemos que la Secretaria de Salud, no es capaz de adquirir vacunas, medicamentos e insecticidas. No han sido capaces de ordenar su simple  estructura y crece en burocracia e ineficiencia y las autoridades solo aparecen en la foto para justificar sus ineficiencias y omisiones y atacan a los trabajadores y cortan su libertad de expresión con amenazas. Los trabajadores de la salud, atienden pacientes todos los días desde hace décadas con el gobierno que sea; y son tratados  como enemigos del cambio, solo porque denuncian las ineficiencias, cuando hace poco tiempo el propio presidente como candidato, despotricaba contra el gobierno vigente y sus políticas chafas.

 

Son situaciones graves, delicadas. El nuevo régimen por legítimo que sea, requiere una oposición fuerte, que vea por los derechos de los ciudadanos. Esa oposición queda claro que no vendrá de los partidos políticos de oposición, que viven en el descredito, corrupción y vergüenza pública.

 

Una oposición saludable, crítica, debe emerger de los ciudadanos y del interior del propio gobierno, aún a costa de perder el empleo, crear enemigos y ser atacado. No solo es necesario, es indispensable evitar errores y posturas equivocadas del pasado. Porque es claro que no todos los que cuestionan las políticas públicas erráticas, son corruptos ni enemigos del régimen, son los  mismos que cuestionaron el sistema anterior y toda su corrupción y abusos. Nunca fueron escuchados y se convirtieron en segregados, exiliados y apestados del sistema. Su actitud seguirá siendo crítica, constructiva, seguir trabajando por el país como siempre, defender los derechos de las personas cuando se detectan abusos e ineficiencias del poder.

 

Los mismos ciudadanos que impulsaron el cambio social, hoy no tienen por qué cambiar. Ser críticos contra las arbitrariedades y abusos, es la esencia de la democracia. Las complicidades, lealtades mal entendidas y aplicación de la ley de manera selectiva, dieron origen al sistema que prevaleció casi un siglo, no se puede olvidar eso. Y con ese tipo de conductas, dio inicio el régimen de partido de estado, que  llevó la corrupción a magnitudes institucionales extremas de complicidad y descaro. Las tentaciones humanas, siempre están latentes, el poder es un detonante para ceder a las tentaciones.

 

Bien haría el gobierno actual, en sentarse y reflexionar. Corregir errores que la sociedad y el pueblo observa. El pueblo puede ser sabio, pero no es ciego.

 

Este país, tiene  cada vez más liberales emanados del pueblo pobre, de la misma estirpe del presidente. Personas que cometen la mayor rebeldía de un ser humano, estudiar. Se han convertido en una visión crítica y cuestionan todo lo cuestionable, con base en la evidencia, los argumentos y el conocimiento acumulado por el ser humano en casi dos siglos de tener como herramienta, el método científico, el razonamiento, el pensamiento crítico, pero sobre todo, el conocimiento de la democracia como proceso social.

 

Quienes viven en el pasado y se guían por los sentimientos y arrebatos carnales, tienen su lugar en este mundo globalizado, pero están lejos de convencer cuando se carece de argumentos y evidencias solidas que convenzan a la razón y juicio crítico del intelecto moderno. Las palabras y principios dignifican, pero los hechos, califican.

 

El ciudadano promedio, en el mundo globalizado y conectado a internet, con un mínimo de esfuerzo, tiene acceso casi ilimitado a información y conocimiento humano, aunque es de  reconocer que la información y conocimiento, no necesariamente otorgan sabiduría. El uso de información verificable y evidente, es el reto de las nuevas generaciones. La capacidad de manejar información en forma correcta, otorga el derecho de cuestionar y argumentar.

 

No toda la información es cierta y verificable y en este mundo matizado por las guerras políticas y comerciales, queda bien el principio: “El arte de la guerra, es el arte del engaño”.

 

Si este gobierno se considera liberal, la ciudadanía espera que impulse políticas liberales y con enfoque de derechos. La separación de la iglesia del estado y educación laica, deben ser hechos contundentes y no solo una simulación política. Recordemos que la religión es una decisión y ejercicio personal de la vida privada. Los derechos son públicos y universales.

 

No se puede someter la voluntad y credibilidad solo por razones ideológicas, de poder o posturas personales. “Dios no existe, los animales se mueven solos”. Lo dijo Ignacio Ramírez hace más de 150 años. Máximo liberal de la historia moderna del país y superior en concepción, gestión y hechos al propio Juárez. Pero a diferencia de Juárez, nunca tuvo acceso al poder.

 

Es deseable que pronto la historia oficial le haga justicia. Porque su lugar se lo quitó, precisamente su actitud crítica hacia la iglesia, los malos gobernantes y contra las políticas autoritarias del propio gobierno que lo nombró en cargos públicos que ejerció como ningún otro mexicano. Hombre que murió en la más espantosa miseria, corroborada y cuestionada por el propio Porfirio Díaz cuando visito su lecho de muerte. Esos hechos marcan la historia de México, pero parece que olvidamos en aras de otros personajes más populares de la historia oficial.

 

La enseñanza simple es, escuchar a los críticos que demuestran inteligencia y argumentos sólidos, porque no siempre son tus enemigos, y en situaciones  críticas, pueden ser los únicos que dicen la verdad.

 

El gobierno, a través de su vocero único, plantea el cambio y combate la corrupción como bandera. El país votó por ese cambio. Sin embargo, se observa un desdén extremo por la evidencia, conocimiento científico y voz de expertos en el terreno de la ciencia.

 

Utilizar la evidencia para tomar decisiones es la recomendación del conocimiento humano. Rodearse de talento y capacidad requiere crear escenarios justos. Basados en decisiones colegiadas y criterios trasparentes. De lo contrario, se corre el riesgo de que el servicio público se convierta más que en la honrosa medianía y austeridad republicana, en una ineptitud y mediocridad republicana.

 

Recortar presupuestos sin criterios, perpetuar el amiguismo, eliminar personal talentoso, y subejercer los recursos, no son políticas republicanas. Son inercias, burdas conductas de funcionarios ineficientes que amparados en el nuevo régimen, violan las normas de manera flagrante. A espaladas del discurso del presidente, lejos del ideario de la 4T. De persistir ese círculo que crece cada día, terminará por sabotear las buenas intenciones de un ejecutivo que como todos, más tarde que temprano se dará cuenta que un país no se puede gobernar por una sola persona.

 

El país es muy grande y complejo, requiere un equipo, toda una generación de personas talentosas, honestas, desprendidas de toda pretensión, capaces de concretar los profundos cambios que requiere la nación. Rescatar y formar un grupo de liberales talentosos que implementen de una vez por todas, la democracia, la libertad e igualdad de derechos en este México nuestro. El costo de sangre, guerras,  muertes, desigualdad e injusticia han sido pagadas con creces, durante siglos.

 

Se observa en estos primeros meses del nuevo régimen, como se pasó de un claro abuso y saqueo de recursos, al regateo y mezquindad para invertir y ejercer recursos de la nación. El péndulo político parece ser, nunca se supera. La honrosa medianía debe tener su lugar en la historia, en un país que vivía tiempos aciagos y una economía en bancarrota, pero eran otros tiempos. Actualmente el país tiene una hacienda pública poderosa, es la economía número 15 del mundo. Debe invertirse sin regateros, crear escenarios que faciliten la inversión privada, que es la fuente más importante para generar empleos. Esto detona el crecimiento económico. El prerrequisito, es que el gobierno garantice la certeza jurídica de propiedades privadas, y sus derechos sean respetados. Para lograrlo se requiere que el país este enmarcado por un verdadero estado de derecho.

 

El país vive en el siglo XXI, no el siglo XIX. El siglo de Juárez tuvo su momento, construyó su historia, pero no puede repetirse. El siglo XXI, es el siglo del conocimiento y la tecnología. Solo es necesario amalgamarlos con los derechos humanos. Simple y llanamente.

 

Cuando se habla de la austeridad republicana, debe utilizarse la evidencia que genere criterios objetivos para tomar decisiones. El salario del ejecutivo es un simbolismo cuando se establece por una decisión personal. El análisis actuarial, realizado por profesionales, dejaría a todos convencidos de que se utilizó el conocimiento y la evidencia para establecerlo. Pero no, se minimiza el valor de la evidencia para cambiar las cosas. Así, será difícil ganar credibilidad.

 

Las democracias modernas consolidadas, han demostrado que la mejor política pública es la que beneficia al mayor número de personas. La ciencia recomienda llevar a cabo una política pública, basada en evidencia, derechos humanos y criterios tangibles.

 

Persiste la tentación del esquema anacrónico, donde todas las decisiones importantes de un país, las tomaba una persona, eso no es democracia, es autoritarismo y gobierno unipersonal y esa etapa debe ser superada, para transformar el país. Así como Juárez ya vivió su historia y nos dejó su legado invaluable, también Porfirio Díaz escribió su historia, autoritaria, patriarcal, unipersonal.  Un juicio crítico permite aprender del pasado, construir una nueva historia, no repetirla.

 

Es evidente que los personajes marcan la historia y por su peso histórico existe la tentación  de ser imitados. Son personas diferentes, hay que construir una historia propia. Juárez, Díaz, Cárdenas. Son personajes emblemáticos, excepcionales, pero ninguno de ellos fue demócrata. Eran otros tiempos y como ironía, es hoy lo único que el país necesita. Democracia y estado de derecho, con todas sus consecuencias, mientras no se descubra algo mejor.

 

El cambio empieza en cada persona y un cambio democrático es utilizar la evidencia para lograr el beneficio del mayor  número de personas cuando se toman decisiones. El conocimiento está disponible para ser utilizado. Un gobierno no tiene justificación, cuenta con todos los medios del estado para acceder al conocimiento humano y con esta herramienta, tratar de gobernar con sabiduría.

 

Los contribuyentes no pueden aceptar menos, pagan impuestos y pedirán cuentas en breve. Las decisiones y política pública requieren evidencia, justicia, equidad, enfoque de género, y en menor grado visiones personales. El presidencialismo ha llevado a todos los políticos de la historia reciente, a pagar altos costos. Siempre fueron advertidos, no escucharon. Las consecuencias las escribió la historia y hoy viven el desprecio y descrédito social

 

La calidad de las decisiones del nuevo gobierno, será juzgada por los electores en la elección intermedia y en el futuro por el implacable juicio de la historia. Queda claro que la era moderna permite tener acceso a la evidencia, pero eso no necesariamente genera una conducta ética. Las  buenas intenciones, principios, sensibilidad social y ética personal, se diluyen o desaparecen cuando se toman decisiones al margen de las evidencias y del bien común y sin el consenso de un grupo de colaboradores capaces, sensibles y talentosos, que apliquen con pasión,  esa frase que causa fascinación entre los políticos: “la patria es primero”.

 

México ya vivió cambios traumáticos y no han sido suficientes. Cualquier país moderno, espera un cambio pacífico para modificar estructuras anquilosadas, arcaicas y corruptas.  Sin necesidad de hechos violentos, sacrificios sociales y vidas humanas. La paz, el dialogo y encuentro de coincidencias, marcan la nueva era del ser humano, necesariamente nos llevará en poco tiempo a formar una aldea global. No perfecta, pero si más justa.

 

Es momento de construir y ver este proceso democrático generado por el hartazgo social, como la gran oportunidad de aportar cada quien en su modesta trinchera, elementos para crecer y lograr la anhelada prosperidad. Y eso se logrará con una actitud crítica y constructiva ante el régimen que sea. Los ciudadanos han depositado en el actual gobierno un patrimonio democrático y legitimidad, inéditos en la historia de nuestro país. Pero la historia ha enseñado que los depositarios no han estado a la altura. Esa es la gran enseñanza de la historia reciente y el reto a vencer, no cometer los mismos errores.

 

Se requiere tiempo, pero el pueblo tiene límites, el poder está concentrado en un movimiento, obligado a rendir cuentas y resultados en poco tiempo. La paciencia es necesaria y dar oportunidad es obligado. Si este régimen no logra el cambio, llegará el momento de buscar otra alternativa. Eso es democracia.

 

La lucha es infinita, pero la lucha no debe cansar, permanece viva en la esencia del espíritu de ciudadanos pensantes y libres, confiados en formar la nueva generación de mexicanos en un entorno democrático, donde el ser humano y sus derechos sea la parte más importante y lleven a México al desarrollo pleno.