El tiempo, factor invencible. Por Francisco Javier Posadas

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Agradezco a un medio potosino: Noticias Horizonte Tunero, la invitación a participar con aportaciones periódicas. Todos tenemos algo que decir, pero debe ser algo además de interesante, que abra el debate y la reflexión. Esto no es sencillo, nos involucra y pone en contacto en un mundo distinto al que nos formó hace ya varias décadas. Pero la forma de sobrevivir es, adaptarse al cambio. Es decir, evolucionar y esto es, además de divertido, estimulante.

La memoria histórica, es esencial en la cultura de las personas para integra juicios críticos y visiones de mundo. La historia debe pasar el rigor del tiempo, porque el juicio del factor tiempo, es implacable y los hechos caen por su propio peso y flotan como un cadáver en el agua, de manera natural.

Describiré algunos acontecimientos conocidos de América Latina que poco a poco han moldeado una visión histórica que nos involucra porque todos los países latinos compartimos geografía, lenguaje, costumbres, leyendas y fe.

A principios de la década de los 90’s, contendieron por la Presidencia de la Republica de Perú, dos personajes conocidos en el mundo internacional, Alberto Fujimori y Mario Vargas Llosa.  Oficialmente ganó Fujimori la elección y gobernó el país una década. Se perciben ciertas particularidades que generan reflexiones, la lucha por el poder entre un político de ascendencia japonesa en contraste con un intelectual nativo de Arequipa en el Perú del siglo XX.

Hoy, casi 30 años después, los hechos son contradictorios. Fujimori estuvo en la cárcel, acusado de corrupción, abuso de poder y crímenes de diversa magnitud. Su hija mayor, contendió  por la Presidencia en años recientes y Perú ha pasados por cambios profundos en su sistema social y político. Por otro lado, Mario Vargas Llosa, después de las elecciones, emigró y adquirió la nacionalidad española. Poco tiempo después en el año 2010, fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura.

Como cualquiera de las novelas publicadas por el propio Vargas Llosa o por el realismo mágico de García Márquez, estos acontecimientos reales superan la ficción e imaginación de los autores más emblemáticos del idioma castellano. Genera una profunda, enorme incredulidad. Cuando la historia nos dice, que un  país con tantos problemas sociales, prefirió en su  momento, para manejar su destino durante una década,  a un personaje convertido al paso del tiempo en un delincuente en el poder y por otro lado, obligó al exilio a su contrincante, un personaje opuesto, un intelectual que obtiene el Premio Nobel, máximo galardón global.

Podemos especular acerca de las causas que provocaron estos hechos. Pero eso solo lo saben los ciudadanos peruanos y los sociólogos que podrían describir hasta qué punto, la construcción de ciudadanía o la no construcción, produce acontecimientos sociales y políticos tan interesantes.

Queda claro que la gente puede ser influenciada, convencida e incluso manipulada o engañada de forma masiva, por la profunda ignorancia en la que se envuelven las sociedades antiguas y modernas de nuestros países latinoamericanos. Perú seguramente ha reflexionado y las personas han aprendido de esas experiencias y eso ha generado un camino largo y aun en procesos hacia una democracia participativa. Como lo ha hecho México de todo su proceso político y social de los últimos 100 años, después de la revolución mexicana.

Poco después de ese evento electoral. En un coloquio al que fue invitado a nuestro país, Vargas Llosa llamó en su  momento al régimen del PRI como: “la dictadura perfecta” en la cara de intelectuales de la época de México, encabezados por Octavio Paz, que prudentemente guardó silencio. A partir de entonces, Vargas Llosa recibió por supuesto descalificaciones, ofensas, hostigamientos y linchamientos públicos por los incondicionales del sistema de nuestros tiempos. Sus visitas subsecuentes a México aunque esporádicas, siempre remueven esa llaga que dejó en el sistema y recientemente con la elección del partido morena en el poder, volvió a arremeter contra las políticas populistas del  nuevo régimen, cuestionando el populismo. Por ello fue catalogado como emisario del pasado, defensor de extrema derecha y bufón de los imperios.

Hoy, Vargas Llosa ha pasado a ser un octogenario con opiniones poco valoradas y sin una presencia global como lo fue en su mejor momento  de intelectual de América Latina, sin embargo, aunque debemos reconocer sus méritos literarios innegables, su visión política le ha restado credibilidad al opinar e inmiscuirse en sociedades y países que no comparten su visión personal.

Es patente que sus escritos en la memoria histórica reconocen a un intelectual con ideas muy claras y crítico acérrimo de gobiernos, dictaduras, tiranías y caciques de América Latina que incluyen al propio Fidel Castro.

El mundo ha girado, y la Academia de Estocolmo, le hizo justicia a su obra de más de 40  años.  La Ciudad y los Perros, Pantaleón y las Visitadoras, La Fiesta del Chivo, obras que marcaron su capacidad como escritor y que hoy son clásicos, no han sido suficientes para apuntalar su credibilidad cuando opina sobre política de los países latinos.

México ya tiene un antecedente muy parecido, en la persona de Octavio Paz, nuestro máximo exponente en materia de la Literatura Universal, que con obras como El Laberinto de la Soledad, Águila o Sol, Las Trampas de la Fe y Postdata, marco una historia en la Literatura Universal y en particular en México.

También en su  momento personaje rechazado, descalificado, exiliado y apestado en nuestro país, porque se opuso a la matanza de Tlatelolco y renunció a seguir siendo embajador de México en la India después de los acontecimientos del 2 de octubre de 1968. Y es importante aclarar que fue documentado que no renunció a los privilegios del cuerpo diplomático, una incongruencia poco conocida, pero que también le restó credibilidad social y en el sistema político mexicano.

El tiempo, la historia tienen un halo de misterio y luz que se abre cada día. Queda claro que en América Latina como en muchas partes del mundo, es un pecado capital tener ideas propias, no ir con los cartabones e intereses de poder y sociedad.  Esto convierte a los personajes con ideas propias, en apestados sociales y cada vez parece que nadie quiere caer en esos terrenos y hay que convertirse en adulador de ineptos, someterse a lealtades mal entendidas y lo más grave y delicado, castrar las ideas, las convicciones, los principios, en aras de mantener el estatus social.

El tiempo pone las cosas en su lugar, Fujimori en la cárcel, por delitos juzgados,  Vargas Llosa octogenario, Premio Nobel, pero con el descrédito por sus posicionamientos políticos y por metiche en países de piel muy delgada. Octavio Paz un histórico de la literatura universal, conocido y contemporáneo por vivir y morir en el siglo XX, cuestionado por su coqueteo con el sistema en diversos periodos. Y atacado por su arrogancia y postura crítica hacia todo y hacia todos.

La mayor fuerza es tener ideas propias, pero puede convertirse en la mayor debilidad, en una sociedad donde cada vez se le da menor importancia a saber y pensar.

Saber ya no es importante, cualquier información está en internet. El problema grave de la vida moderna, es que la información no significa necesariamente conocimiento y el conocimiento no significa necesariamente sabiduría. El mundo moderno, tiene múltiples ejemplos.

Es necesario reflexionar y pensar un poco más acerca de quiénes son nuestros líderes, como son elegidos y como se evalúa su desempeño. En la época de la post verdad, la falta de la actitud mental hacia lo correcto, es la regla. Hay velos que siguen vigentes e impiden acabar con la polarización histórica. Los intereses y el bien común parecen incompatibles. Se polarizan y nos agobian. Permean en nuestra colectividad, prejuicios y profundos rencores que matizan nuestra personalidad y mística colectiva.

Nos quema como una llama el sentimiento siempre sobre la razón, el desprecio hacía lo que desconocemos, el rechazo de todo aquello que parece ser cierto.  La aceptación tácita de los preceptos falsos que nos llevan frecuente y sistemáticamente a cometer errores. La necesidad permanente de auto engañarnos.

La formación y creación de ciudadanía basada en los derechos, el respeto y la cultura colectiva, son caminos innegables. Nadie quiere sociedades perfectas, utópicas. La aspiración es tener sociedades medianamente justas, equitativas y competitivas. Es importante conocer la historia de sociedades modernas, han pasado por guerras, purgas y holocaustos. Pero han sido pacientes, la paciencia es buena consejera, los tropiezos y luchas estériles, enseñan, la espera reposada, genera la paz interior anhelada, mejores seres humanos, más compasivos que por fin aceptan que el bien común, es el único camino verdaderamente humano.

México ha entrado a un profundo cambio de régimen y de sistema político. El reto, más que establecer una ideología, es como encontrar los puntos de acuerdo para lograr el bien común y quien será el primero en ceder ante los retos monumentales que el país afronta.

La corrupción sistémica, penetra a todos por igual, en instancias que parecería inaceptable como la ciencia, la academia, la justicia y la investigación, han caído en las trampas de intereses creados. Recuperar una filosofía del bien común y de la congruencia entre lo que se piensa, se dice y se hace, es el verdadero reto de una sociedad que lleva siglos en luchas intestinas y explotación. Nuestro enemigo más poderoso, seguimos siendo nosotros mismos.

Nuestras sociedades requieren nuevos liderazgos, modernos, transformadores. Que impulsen cambios profundos. Líderes sensibles y capaces, rodeados de equipos de trabajo críticos y con capacidad de transformar. Es momento de poner el poder en las manos correctas, estadistas que tomen decisiones basados en evidencias, y que piensen en las próximas generaciones, no solo en las próximas elecciones. El narcisismo y la corrupción como caldo de cultivo en el que hemos sido formados como sociedad, nos hace creer que se puede evadir y comprar la justicia, engañar y vivir en la impunidad. Este es el mayor autoengaño colectivo y es inaceptable. Es claro que lo único que no se puede evadir, es el tremendo juicio de la historia y todos la enfrentaremos.

La experiencia y la interpretación de la historia, deben hacernos reflexionar, somos entes finitos y de un paso efímero por este mundo. El tiempo es invencible y es lo único justo y equitativo para todos.

Lo sabemos, México es un país que arrastra una historia; ha vivido un régimen de 90 años, que consolidó la corrupción como una forma de vida, esto, nos obliga a reflexionar e impulsar una nueva forma, no solo de pensar si no de comportarnos colectiva e individualmente. Parece una fábula, pero hay países latinos con una dictadura perfecta y  caudillos vitalicios en el poder, que se equipara con otros que eligieron a un delincuente por encima de un Premio Nobel. Es para reflexionar, que está pasando en esta América Latina, que comparte geografía, historia, lengua, cultura, costumbres y fe. Y como podemos modernizar nuestras sociedades con un enfoque de libertad, justicia y derechos, que tengan como principio, la compasión y solidaridad humana. Debemos aspirar a cuestiones posibles y factibles: Sociedades no perfectas, pero si más justas.

América Latina debe unificarse, integrarse, compartimos todo, somos producto de un mestizaje centenario y nuestras sociedades deben impulsar una nueva cultura. Con una base sólida de derechos universales para todos, dignificar la vida humana, sin inhibir la competencia y reconocer los méritos y esfuerzo individual. En síntesis: justicia social.

Cuando se logre en cada región la integración, el mundo será por fin, una aldea global, habitable y con futuro. La utopía del género humano. Sin fronteras, un hogar para todos.