El sistema de salud en México, por Francisco Javier Posadas

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El sistema de salud en México ha envejecido sin evolucionar y adaptarse a las nuevas circunstancias, necesidades y avances de la ciencia, tecnología, conocimiento y sobre todo, los derechos humanos. Esto se genera porque la salud como casi todo en el país, se ha visto como botín político históricamente y se agudizó en los últimos 30 años con políticas que han fracasado en materia de justicia social.

Tenemos un sistema de salud fragmentado, ineficiente y con calidad heterogénea, cuando se analiza de manera global. También hay que decir con claridad que hay avances importantes, pero insuficientes y priva el desorden en el sistema de salud.  Lo más agudo, se percibe en la contratación de recursos humanos de manera irregular y precaria en todo el país. La Secretaría de Salud tolera este proceso y lo justifica porque los recursos están descentralizados. Sin embargo, las reglas de operación del Seguro Popular impiden se siga contratando personal, a pesar de que la población y demanda de servicios crece día a día.

La principal limitante que genera este hecho es una inversión en salud, por debajo de las recomendaciones de organismos internacionales del 8-9% del PIB. México ronda el 5.8%. Esto genera además de carencias y rezago en insumos, equipo y tecnología, lo más grave; recursos humanos insuficientes y salarios por debajo de sus capacidades y competencias, no solo no genera calidad, si no que la inhibe. Se requieren políticas públicas diferentes en materia salarial, de estímulo a las competencias y al buen desempeño en nuestro sistema de salud.

Es necesario incluir a los sindicatos en este proceso, democratizarlos y plantear una nueva cultura laboral que fomente la calidad en el servicio y acordar en un ámbito de dialogo, el interés nacional y la cultura de derechos y obligaciones laborales en un marco de legalidad y equidad. Esquemas modernos en las condiciones generales de trabajo que fomenten la productividad, pero también mejores condiciones para los trabajadores de la salud.

El sistema tiene una gran reserva de conocimiento, ciencia y talento, que se concentra solo en ciertas instituciones como los Institutos Nacionales. Centralizados como el poder, la política y la economía del país, en la Ciudad de México y algunas otras ciudades grandes. Y esto le sirve de poco a la nación, porque no se difunde de manera uniforme el conocimiento y la política pública. Hay esbozos con la generación de especialidades médicas, que han distribuidos más médicos y profesionales en todo el país. Pero, el esfuerzo se diluye, ya que muchos talentos se pierden en estructuras burocráticas, corruptas, donde se fomenta la mediocridad, el amiguismo y se premia la ineficiencia y las lealtades mal entendidas y se ha convertido la ciencia, en muchos casos, en rehén de negocios y mafias locales. Al amparo de los recursos del Seguro Popular. Que hay que decirlo, impulsó la corrupción en salud, de manera vertiginosa.

Hay una contradicción, en las instituciones públicas que deberían ser, centro de suma de talentos y personal calificado y capacitado con una visión social, de servicio y compromiso con el bien común que atienda a la persona con calidad, más allá de su condición socioeconómica con una visión humanística. Se fomentan entornos hostiles para el personal con capacidades y talentos. Esto propicia la fuga de personal calificado a la medicina privada, que encarece los servicios y deteriora la calidad de atención pública. Este círculo perverso tiene varias décadas de evolución y cosechamos hoy un sistema lejos de las necesidades sociales.

La estructura y capacidad de respuesta, con un adecuado ordenamiento, que propicie la democratización de la salud con  calidad, puede acelerar el proceso de modernización del sistema. Que pasa necesariamente y sin excusa por la universalización y la separación de la Seguridad Social de la atención médica. Además de ello, la modernización debe contemplar una descentralización mucho más sólida y enfocada a la rendición de cuentas y estandarización de indicadores de calidad  de las unidades de salud en todos sus niveles. Debe impulsarse un modelo preventivo que mantenga a las personas saludables y productivas. Y un sistema curativo con financiamiento social que permita capacidad de respuesta ante los retos de carga de enfermedad del siglo XXI.

La cobertura universal ha sido un fracaso, el modelo del Seguro Popular, aunque hay que reconocer que elevó la salud en términos jurídicos a un Derecho Humano, está lejos de garantizar como un derecho universal la salud, en términos de financiamiento, acceso y calidad.

El Seguro Popular, ha creado una estructura burocrática que permite incrementar los recursos a las entidades federativas. Pero con una enorme limitante, una deficiente si no es que nula capacidad de rendición de cuentas.

No creemos que se requiera realizar planteamientos ideológicos o sexenales, sino enfocar las políticas públicas como nunca se ha hecho en México, con una visión de largo plazo. Los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS) cumplen este principio, son compromisos globales a largo plazo y nuestro país se puede apegar a ellos, pero de una manera seria, no por simulaciones políticas. Esto facilita la integración de planes y programas nacionales. Los indicadores son integrales e interdependientes y plantean retos complejos que han sido resueltos en países desarrollados y cuya intención es lograr derechos universales.

Cada vez es más importante la calidad de la atención en los sistemas de salud, derivado del enorme impulso que han tenido los derechos humanos de la población. Las personas deben ser el centro de la operación de cualquier sistema.

Plantear una política nacional enfocada a favorecer la salud materna e infantil como base. Crear una visión de largo plazo, es el inicio para formar y cultivar la nueva generación de seres humanos que llevarán a México al crecimiento sostenido, consolidarlo como país libre, basado en la justicia social y en el centro del escenario ubicar a las personas, sus libertades y derechos. Los poco más de 2.2 millones de nacimientos que ocurren en México, deben tener un enfoque diferente. Desde un enfoque preventivo, social y respeto a los derechos. Hablamos de ver resultados de esta generación en los próximos 25 años.

La prevención debe incluir desde el proceso educativo integral en salud sexual y reproductiva  en etapas tempranas de niños y adolescentes, servicios de salud de planificación familiar que minimicen la posibilidad de embarazos no deseados y servicios de atención materna e infantil con altos estándares de calidad en la atención. Estamos hablando de una manera diferente de formar los seres humanos en este país. Tomar medidas desde antes de su gestación, hasta llegar a la vida productiva.

Las nuevas autoridades en el sistema de salud, no han logrado discernir donde está la información clave para tomar las decisiones correctas. Y no han querido preguntar, o han preguntado a las personas equivocadas. Dentro de las estructuras de salud, hay mafias de funcionarios que continúan enquistados y pretenden mantener privilegios y manejos basados en la corrupción. Para eso se requiere tener apertura, escuchar y debatir en foros abiertos donde se resuelvan problemas concretos. El país necesita a todos, pero requiere que las  mentes preclaras y con compromiso social estén donde se toman las decisiones importantes. La preparación académica, la experiencia y la inteligencia de poco sirven cuando se carece de principios, sensibilidad social y de espíritu democrático. Hay una gran tarea y se ven intenciones, pero no hay planes sólidos.

La salud es un prerrequisito para lograr impactos sociales, pero también es una gran oportunidad. Mantener personas sanas, las hace productivas y generadoras de bienestar social. Esta es la prioridad de un sistema de salud moderno.