El reto: modernizar el sistema de salud, por Francisco Javier Posadas

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Reflexiones y evidencias.  

El sistema de salud en México, debe entrar en una etapa de modernización profunda. Con las bases establecidas, la estructura vigente y la capacidad de respuesta, requiere un ordenamiento intensivo, sólido con elementos y evidencias claras y debe iniciar con una evaluación del objetivo esencial. Mantener personas y colectividades sanas. Y atender personas enfermas con oportunidad y calidad.

La implementación siempre es lo más complejo y difícil de cualquier política pública, pero existen elementos suficientes para acelerar el proceso, con algunas premisas. La evidencia sugiere: los sistemas de salud deben contemplar como base, los derechos humanos de todas las personas.

Las lecciones aprendidas permiten emitir enunciados que requieren análisis, a la luz de las evidencias y utilizarse como herramientas básicas con el objeto de trazar rutas críticas. Abrimos el debate, como dijo el clásico. “Seremos la voz, que clama en el desierto”.

  • La salud es un derecho humano esencial, no un derecho laboral. Enunciado que consagra la carta magna.
  • El país requiere un sistema de salud universal.
  • El sistema debe ser financiado por impuestos generales.
    • La prioridad inicial en materia de presupuestos, es mantener el sistema operando, con capacidad de respuesta y atender la demanda de servicios vigentes.
    • Regularizar los trabajadores contratados de manera ilegal. Es un prerrequisito. Existe un censo extraoficial de 80 mil trabajadores en esta condición, en todo el sistema.
    • Los salarios, prestaciones, pensiones y condiciones laborales deben homologarse y armonizarse en todo el sistema. Así lo dice la constitución. …A trabajo igual, igual remuneración…
    • Estas acciones en materia laboral, permitirán recuperar la confianza en la voluntad política y llevar el sistema, al marco de un estado de derecho. Una vez corregida esta desviación, se puede trabajar para reordenar el sistema. No hacerlo, será considerado simulación política.
  • La seguridad social debe estar separada de la atención médica.
  • Integrar el sistema, es una prioridad nacional esencial, donde todos los actores apoyen el consenso, la salud no es una cuestión de ideologías, es una cuestión de derechos.
  • El sistema de salud debe tener un modelo que contemple en el centro de su operación a las personas y sus familias.
  • El personal profesional de la salud debe ser protagonista del cambio y participante activo en las decisiones.
  • El modelo preventivo debe ser adaptado a los nuevos tiempos, a una nueva sociedad y tener como objetivo, generar por todos los medios disponibles, entornos y estilos de vida saludables con políticas integrales.
  • Las redes hospitalarias están desarticuladas, aisladas y con una profunda ineficiencia, por la fragmentación del sistema. Puede haber cuatro hospitales en una zona y ninguno tener capacidad de respuesta, hay duplicidad, ineficiencia y burocracia. Los hospitales deben complementar capacidad de atención. Se requieren nuevos modelos de cobertura, atención, abasto, administración, capacitación y evaluación. Los controles profesionales de los impactos generados, son indispensables para toma de decisiones, inversión y rendición de cuentas.
  • Las unidades de tercer nivel deben ser centros de excelencia en asistencia, calidad científica, formación de recursos humanos y garantes del derecho a los avances de la ciencia en el mundo para toda la población que lo requiera.
  • Los servicios deben descentralizarse, considerando la magnitud del país, impulsar una rectoría estatal y federal que no solo facilite, sino vigile la transparencia, rendición de cuentas y adecuado uso de los recursos.
  • Los órganos fiscalizadores deben dar un giro a su filosofía laboral y ser garantes de procesos administrativos ordenados. Y acompañar la operación aplicación y administración de los recursos, de tal manera que se cumpla la ley. No es poca cosa prevenir, inhibir, detectar y sancionar la corrupción. Deben ser corresponsables de los procesos y desterrar su capacidad perversa de distraer la estructura para solventar auditorias ociosas e inútiles.
  • La centralización debe tener una función estratégica, con una visión de país. Ejemplo: compra centralizada de vacunas, que ha demostrado su eficiencia y eficacia. Descentralizar no significa entregar los recursos y abandonar la rectoría. Ese ha sido el fracaso del actual sistema. Se pueden descentralizar recursos, facultades y funciones, pero se mantiene la rectoría, presencia y rendición de cuentas por las instancias locales y federales. Esto es una verdadera democracia y puede aplicarse en materia de salud.
  • La libertad y soberanía de los estados es un compromiso con la ley y sus ciudadanos. No un libre albedrio sin rendir cuentas a nadie. Lo mismo sucede con los municipios. No solo en materia de salud, sino en materia de administración pública.
  • Los enemigos del sistema de salud, que deben combatirse de inmediato:
    • La indiferencia manifiesta hacia el usuario interno y externo.
    • La anarquía que prevalece en las unidades. Islas de poder, mafias de sindicatos en complicidad con malos directivos y trabajadores.
    • La corrupción, propiciada por modelos de administración arcaicas, sin controles y rendición de cuentas.
    • Abandono del personal, sin capacitación, evaluación e incentivos de su trabajo, con justicia y equidad.
    • Los sindicatos requieren democratizarse. Enfocar su misión a defender los derechos de todos los trabajadores. Entrar en un proceso de mejora en la productividad, pero también de mejores condiciones para los trabajadores. Dejar de fomentar la corrupción al interior de los centros de trabajo. Generado también, por la complicidad de las autoridades permisivas y corruptas.

 

 

Sistema universal de salud.

El cuestionamiento lógico es: ¿Quién lo diseñará, cómo lo instrumentará y si se cuenta con los recursos para lograrlo?

En México existen especialistas y expertos en temas de salud. Integrar un equipo de expertos profesionales, plural, interdisciplinario y con una tarea concreta, es un paso fundamental para elaborar el  plan de acción y una ruta crítica con definición de etapas, tiempos y acciones que permitan ordenar, integrar y modernizar el sistema de salud. Este planteamiento se realizó en un foro nacional en junio de este año. Depositarios de la propuesta,  el Colegio de México e Instituto Nacional de Salud Pública. Estamos sentados para esperar respuesta.

El proceso pasa necesariamente, por cambios legislativos, estructurales, jurídicos, administrativos, sindicales, académicos y laborales.

La Secretaría de Salud como órgano rector de las políticas públicas en la materia,  requiere entrar en un proceso de ordenamiento. Homologar y armonizar su estructura  al propio sistema y con las entidades federativas y dejar muy claro con la evidencia disponible, los criterios utilizados para centralizar o descentralizar facultades. Cuando se realizan cambios estructurales basados en evidencia, se evita en mayor medida que los cambios democráticos de gobiernos, puedan revertirlos por cuestiones ideológicos. Construir, fortalecer y consolidar un sistema,  requiere consensos y acuerdos a largo plazo. Un país moderno, no puede seguir simulando con leyes a modo para la clase política, atrás quedó el siglo XX. La democracia debe impulsar el bien común, la justicia y el estado de derecho para todos.

El sistema de salud, requiere una nueva generación de servidores públicos con una visión de país moderno y democrático. La formación y capacitación permanente es herramienta perfecta para lograrlo. La calidad requiere inversión en el capital humano. Un semillero de directivos permitirá construir una visión de futuro. Estamos claros, la única palanca de desarrollo sólida y efectiva en todos los niveles y en todo proceso humano, es la educación sistemática y de calidad.

La formación de los recursos humanos para la salud del futuro, es motivo de un análisis específico, pero es evidente también que son otros tiempos y se requieren nuevos perfiles con mayor enfoque preventivo y labor comunitaria. Y formar los recursos humanos que el país necesita.

Es clara la complejidad del reto, requiere tiempo, consensos y acuerdos para realizar los cambios en todas las vertientes mencionadas. El cambio está en la mesa y es necesario ejecutarlo con las evidencias necesarias.

El financiamiento es la parte álgida del proceso. La salud requiere incrementar de 5.8 a 9.0 puntos del PIB,  para adaptar las necesidades al presupuesto de casi 130 millones de habitantes de acuerdo a criterios de países con sistemas de salud modernos y eficientes. Pero no es saludable incrementar el presupuesto sin ordenar la anarquía que prevalece actualmente y sin reducir sustancialmente la corrupción. Sería un despropósito.

En sentido estricto, incrementar el presupuesto, es facultad y competencia de la hacienda pública. La salud como prioridad nacional debe incrementar el PIB invertido en salud de manera paulatina. Aquí radica la importancia del desarrollo económico del país, para financiar prioridades como la salud, educación e investigación. La consecuencia será virtuosa, el incremento, se espera, sea transitorio. Lograr un país con mejores estándares de salud, requerirá, en el futuro, menor inversión en el proceso salud enfermedad. Y una población sana, genera productividad y prosperidad. Por ello, la importancia de establecer indicadores con impactos en el tiempo, que justifiquen la inversión y no solo incrementarla por inercia o recomendaciones internacionales.

Se  debe incentivar el esfuerzo, capacidad, trabajo y talento de los trabajadores de la salud, con justicia y equidad. Trabajar en lograr el justo equilibrio entre inversión y resultados también debe ser parte de una transformación de país y de una administración moderna, más eficiente y menos onerosa.

Actualmente el sistema de salud tiene enquistada la estructura del pasado. Las inercias, corrupción, intereses y conductas no cambian por decreto. Las nuevas autoridades en salud, empiezan a mostrar signos evidentes  de incapacidad y desconocimiento del servicio público, su preparación para el reto es limitada y la curva de aprendizaje con decisiones erráticas empieza a cobrar facturas. Están lejos de ser un equipo compacto, profesional, capaz. El desabasto de insumos, la falta de vacunas, hospitales e institutos con problemas operativos y enfrentamientos con empresas para la compra y distribución de medicinas con afectación a los pacientes, son muestras objetivas. Un censo extraoficial de 80 mil trabajadores contratados de manera ilegal en todo el sistema es el segundo reto que mantienen latente y que dentro de poco será su responsabilidad. No solo corregirlo, sino sancionar a quienes violaron la ley al ejecutarlo o permitirlo. Vamos a ver si es cierto.

Además de cuestionar estos hechos, se deben hacer propuestas concretas, sensatas, basadas en evidencia. El escuchar o no escuchar por parte del nuevo gobierno es su potestad. Esta puede ser una de las razones de la escasa participación de los colegios, academias y especialistas en las decisiones del país. Se mantienen en su área de confort. La vocación de servicio, compromiso social, solidaridad, ética y defensa por el bien común, han sido sustituidos por el narcisismo, egocentrismo, egoísmo y una corrupción que parece alcanza a todos los ámbitos. La compasión parece haber abandonado a la ciencia. El lucro y los intereses la carcomen. Por fortuna no a todos los científicos.

Por eso estas líneas. La ciencia médica debe seguir siendo la consciencia de la sociedad, con independencia del rumbo que ésta tome. La lucha es titánica, vivimos la era de la pos verdad.

El consenso claro, es que el hartazgo social generó un nuevo régimen, con derecho a gobernar y establecer sus políticas, los ciudadanos esperan justicia llana. Aun se ve lejano ese escenario, es obligado tener paciencia. Hay mucho pasado que observar y corregir, pero eso no debe oscurecer el futuro. Las decisiones erráticas iniciales, aunque indefendibles, deben otorgar el beneficio de la duda y mantener la crítica implacable y férrea para corregir el rumbo. Un gobierno liberal, no puede castrar el derecho a disentir de la sociedad a quien se debe. Es destruir la misma razón que lo llevó al poder.

Inquieta la evidente falta de capacidad del  nuevo gobierno para manejar el país, tomar decisiones y sobre todo utilizar la información y evidencia. Aun así, se mantiene la vista fija en trazar la ruta crítica que permite aspirar en poco tiempo, a tener un país más justo, donde prevalezca el estado de derecho. Casi nada.

Queríamos democracia, hay que pagar los costos.